La revolución de la longevidad ha comenzado en el mundo. La gerontolescencia significa -no un programa privado de envejecimiento activo y autónomo-, sino el descubrimiento de una nueva etapa de la vida de hombres y mujeres, entre los 65 y 80 años de edad, reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Su creador es el investigador Alexandre Karachi, quien, junto a otros estudiosos del envejecimiento, como Pere Estupinyá en la obra “Qué quieres ser de mayor”, proporcionan las claves para afrontar el paso de los años con ilusión, mediante una base psicológica y social, física y médica.
La propuesta es clara: promover un envejecimiento activo para lograr una buena salud con autonomía. Según la OMS, la gerontolescencia corresponde a un nuevo período vital, entre la adultez y la vejez (65-80 años), que implica el ejercicio de un derecho humano a disfrutar de un envejecimiento activo y pleno, sentirse jóvenes de cuerpo y espíritu, y contribuir a la sociedad con experiencias y conocimientos.
La edad biológica es importante para los gerontolescentólogos, pero más aún la edad psicológica cuya impronta es la plenitud, entendida como el proceso vital que conjuga la totalidad del ser humano: encontrar sentido para vivir y seguir viviendo, en relación con otras personas, el movimiento, la alimentación sana y la naturaleza. Así, la plenitud vital se articula con la plenitud ocupacional.
Los gerontolescentes son abuelos y jubilados. Esta condición les permite aprovechar al máximo la esperanza de vida vigente y fortalecerla, mediante estrategias que combinen, de manera equilibrada, la salud física, mental y emocional.
La OMS ha reconocido que el mapa de la población mundial está cambiando, por el control de las enfermedades globales, y las políticas públicas en salud que aplican los gobiernos. En el Ecuador, la esperanza de vida al nacer (2024) se cifra en 77.58 años promedio. Las mujeres en 80.31 años, y los hombres en 74.88 años. El país ocupa el número 66, que corresponde a la parte media entre las naciones del orbe.
Las Naciones Unidas han comenzado a debatir este tema. El Estado ecuatoriano tiene una deuda con los adultos mayores, especialmente con aquellos que no están afiliados al seguro social. De ahí que es necesario que se diseñen políticas públicas para este sector de población, que sufre carencias y exclusiones. ¡El reconocimiento de la gerontolescencia es un gran paso!