Universidades para la Amazonía: promesa rota, juventud olvidada
La Ley Orgánica para la Planificación Integral de la Circunscripción Territorial Especial Amazónica, conocida como Ley Amazónica, fue promulgada con bombos y platillos como una herramienta legal para reparar históricas deudas del Estado con la región más rica en recursos, pero más empobrecida en derechos: la Amazonía ecuatoriana. Uno de sus mandatos más esperados y justos fue la creación de cuatro universidades estatales en las provincias amazónicas. Sin embargo, han pasado años desde su promulgación y lo que debería ser una política pública transformadora se ha reducido a un eslogan de campaña, una oferta electoral que cada cuatro años se recicla y se olvida.
Mientras tanto, cientos de jóvenes bachilleres de provincias como Orellana, Sucumbíos, Morona Santiago y Zamora Chinchipe, se ven obligados a abandonar sus hogares y sus comunidades para buscar en otras ciudades la posibilidad de formarse profesionalmente. La migración forzada por estudios no solo desgarra el tejido familiar, sino que expone a los jóvenes a riesgos que van desde la inseguridad vial hasta el desarraigo cultural, en un país donde cada viaje puede convertirse en una tragedia. La ausencia de universidades en la Amazonía, no es un olvido técnico ni presupuestario, es una forma más de exclusión estructural. Resulta paradójico que una región que aporta miles de millones de dólares en renta petrolera y biodiversidad al país, no cuente con centros de educación superior estatales donde sus hijos puedan formarse, investigar y devolver a su tierra lo aprendido. No se trata solo de aulas y títulos, sino de justicia territorial, desarrollo local y dignidad. Las universidades no pueden seguir siendo promesas, deben ser políticas de Estado. Que el mandato de la Ley Amazónica se cumpla no es una petición, es una exigencia constitucional. Desde esta tribuna hacemos un llamado urgente a las autoridades del Ejecutivo, de la Asamblea Nacional, al Consejo de Educación Superior (CES) y a la Secretaría Técnica Amazónica para que pongan fin a este abandono histórico.
La educación superior en la Amazonía, no puede seguir siendo un sueño postergado. La juventud amazónica no pide privilegios. Exige el derecho a estudiar sin tener que abandonar su hogar, su tierra y su cultura. Es hora de cumplir con la Amazonía, no con discursos, sino con hechos.
¿Quién le pone el cascabel al gato..?
Elio Roberto Ortega Icaza