El filósofo confiesa en su libro Dos conceptos de libertad y otros escritos: «Mi interés por las cuestiones filosóficas se suscitó siendo estudiante de licenciatura en Oxford, a finales de 1920 y a principios de la de 1930». El texto se presenta al inaugurar la cátedra de teoría social y política, en la Universidad de Oxford, en 1958. Se pregunta ¿Qué es la libertad? Para responder tal inquietud, nos ofrece una diferencia entre la libertad negativa o la positiva. De su reflexión, queda nítido su empeño en reivindicar el liberalismo, pero con dudas y recelos; al igual cuando desarrolló la cuestión relativa al pluralismo de los valores.
La libertad negativapara Isaiah Berlin es la ausencia de obstáculos, trabas o estorbos, creadas por el hombre y que impiden al individuo el goce de su libertad, la que es posible en cuanto no haya impedimentos o limitaciones. Esa libertad (negativa) es dable si no se interfiere en la libertad individual, la misma que se expresa en el alejamiento de interferencias. Pero, para evitar una interpretación que pudiese ser equívoca, leamos lo que escribe el filósofo: «normalmente se dice que soy libre en la medida en que ningún hombre ni ningún grupo de hombres interfieren en mi actividad, En este aspecto, la libertad política es, simplemente, el espacio en el que un hombre puede actuar sin ser obstaculizado por otros».
Toda forma de coacción o escollo, limita la libertad individual. Para explicar el sentido de la libertad que utilizan los filósofos ingleses, Berlin trae una frase de Thomas Hobbes del Leviathan: «Un hombre libre es aquel que (…) no se ve impedido en la realización de lo que tiene voluntad de llevar a cabo». Y se pregunta nuevamente, ¿Qué es la libertad para aquellos que no puedan utilizarla? Es decir, no es lo mismo, en perspectiva, un hombre acomodado frente a quienes no tienen nada. «Sin condiciones adecuadas para disfrutar la libertad, ¿cuál es su valor?».
Aquí radica el tormento para el pensamiento filosófico liberal, cuando, siendo la libertad un fin humano, chocamos con las disparidades sociales y los desequilibrios por los cuales, no todos ejercen por igual dicha libertad. La libertad de unos depende de la contención de otros, señala Berlin. En el fondo, aparece el concepto de la justicia y de las condiciones reales que hagan posible el ejercicio de la libertad. Entre los empeños del Estado omnipotente de invadir la libertad de los individuos, Berlin apuesta por la libertad y el pluralismo del liberalismo. No olvidemos que conoció y se inquietó por los totalitarismos del socialismo estaliniano y el nazismo hitleriano que ahogaron la libertad.
¿Y la libertad positiva? Para Berlin, «se deriva del deseo por parte del individuo de ser su propio amo. Quiero que mi vida y mis deseos dependan de mí mismo, y no de fuerzas exteriores, sean éstas del tipo que sean. Quero ser el instrumento de mis propios actos voluntarios y no de los de otros hombres. Quiero ser un sujeto y no un objeto». El hombre debe persuadirse por razones, por su propia consciencia. Debe ser alguien y no nadie. Actuar y decidir y, que no decidan desde fuera de él. Pero, esta libertad positiva en relación con el ejercicio del poder político, implica que el que manda es más libre, si se hace su santa voluntad y no tiene que obedecer a nadie. Sin límites ni reglas, se camina hacia la perversión y se llega a la autoridad despótica que no acepta los cánones de la ley.
El filósofo que recordamos insistirá en sostener «La libertad que se funda en que uno sea su propio amo, y la libertad en que otros hombres no impidan a uno elegir…». Nos acercamos a los setenta años de la reflexión de Isaiah Berlin y, sin embargo, al preguntar qué es la libertad, nos encontramos con una idea irreductible, condicionada al menos, a lo que debemos entender por la cultura, el pluralismo, las celdas de los dogmas o los cercos de las ideologías fundamentalistas.