Radio Puntual FM Riobamba

La economía tras bastidores

Durante décadas, la teoría económica ortodoxa nos ha vendido una gran ficción: la economía como una ciencia exacta, neutral y objetiva, regida por las leyes impersonales del mercado. La asignación de recursos se nos presenta como un cálculo aséptico de eficiencia, perfectamente racional, que busca maximizar su utilidad. Sin embargo, cuando se descorre el telón y se observa la economía en su funcionamiento real, lo que aparece tras bastidores no es una maquinaria de precisión matemática, sino un escenario profundamente social, político y contradictorio.

La Ciencia Social

La economía es, en su esencia más pura, una ciencia social. Su rumbo está determinado por una compleja red de relaciones de poder entre agentes económicos con capacidades asimétricas para influir en la política económica. No existe la tal “neutralidad”: las decisiones públicas y privadas atienden a objetivos específicos que favorecen a determinados sectores mientras postergan a otros.

Racionalidad e Irracionalidad

Para comprender esta dinámica es imprescindible desmitificar la idea de una “racionalidad universal” de la actividad económica y preguntarnos: ¿racionalidad para quién y bajo qué criterio? Lo que resulta plenamente racional para un actor individual o un sector dominante puede ser profundamente irracional y disfuncional para la sociedad en su conjunto.

La racionalidad no es una categoría abstracta ni funciona bajo una lógica autónoma de maximización de beneficio; está articulada en torno a principios de reciprocidad y redistribución. Desde esta óptica, pretender imponer la racionalidad del libre mercado autosuficiente como la norma universal es una abstracción artificial que destruye la trama social.

El sistema de producción y sus funciones básicas

Esta disparidad se evidencia en las tres funciones básicas del sistema: producción, intercambio y consumo.

En la producción, la lógica del capital impone que se produzca aquello que genera rentabilidad, no lo que la sociedad urgentemente necesita. Así, resulta “racional” asignar recursos para contratar -en secreto- un proyecto de digitalización de datos de salud de pacientes, mientras persiste un lacerante déficit de medicinas que pueden salvar la vida de personas de escasos recursos.

En el consumo, la narrativa tradicional asume que el consumidor soberano satisface sus necesidades biológicas o sociales. La realidad actual muestra algo más complejo: el aparato productivo no solo satisface necesidades, sino que las crea artificialmente. Las decisiones de compra quedan subordinadas a la manipulación de precios y a estructuras de poder cultural que dictan el deseo.

Los desacuerdos en Economía

En el fondo, no hay acuerdo absoluto entre los científicos de la economía ni entre los hacedores de política porque la gama de intereses que se enlazan, se enfrenta o se refuerzan en el tejido social hace de esta disciplina un campo de disputa permanente. La economía no es un laboratorio cerrado ni una constante de la física; es un sistema vivo, impredecible y en constante evolución, donde detrás de cada cifra y de cada modelo formal, lo que verdaderamente se decide es el tipo de sociedad queremos construir.

La economía está lejos de ser una ciencia exacta reservada para un cónclave de expertos o un conjunto de fríos algoritmos. Es, ante todo, una ciencia social, viva y en disputa, donde se cruzan los afectos, las decisiones de poder, las necesidades fundamentales y las contradicciones de una sociedad en transformación.

La falsa neutralidad

Aprender a mirar “tras bastidores” no es un mero ejercicio académico, sino un imperativo de ciudadanía. Cada tasa de interés que se fija, cada impuesto que se crea, cada subsidio que se revisa o cada decisión de gasto público influye de forma directa en la cotidianidad de todos: determina si una familia puede llenar su mesa, si un joven puede acceder a la universidad o si un emprendedor puede sostener su negocio. La economía nos afecta a todos, ya sea bajo la forma de bienestar y satisfacción o bajo la amargura del malestar y la precariedad.

Por ello, desmitificar su supuesta “neutralidad” es el primer paso para democratizarla. Entender que no existen recetas absolutas ni verdades incuestionables nos devuelve el rol de agentes activos. La economía nos pertenece a todos porque en ella se debate, día a día, la calidad del presente que vivimos y la dignidad del futuro que aspiramos a construir.