Radio Puntual FM Riobamba

Las ganas de enojarse

Blog Sobremesa

Ahora sí. Es que ahora, ahora sí. Ensíllenme el caballo moral; ¡hoy hay galope!

Mientras me pongo las botas, les voy contando un poco. Es una panadería en específico. No voy a nombrar nombres, pero todos ustedes la conocen. 

Cuál no sería mi asombro de entrar y encontrarme, de buenas a primeras, una colección entera de guaguas de pan. Yo no soy de ponerme casco para montar caballo, pero si me voy a buscar un buen sombrero de cuero para este paseo, porque no pienso desmontar sino hasta que se apague el sol. 

Una cosa es que se le aplique creatividad a la tradición; quieren rellenar las guaguas de manjar, chocolate, crema pastelera, queso azul, ralladuras de eucalipto, arena de playa… bueno. Sépase que yo soy la primera en entusiasmarse con probar y crear recetas. Una guagua de masa brioche, anisada y canelizada, rellena de una mermelada de naranjilla, por ejemplo, sería una cúspide de lo ecuatoriano, señores panaderos. 

Otra cosa es ponerse a vender guaguas a principios de septiembre. La montura ajustada, las riendas sobre el fuste: Correcto, el caballo que nunca se equivoca, está listo. 

¿Con qué justificación moral se apodera un negocio de las tradiciones de un pueblo? ¿Y qué pueblo se lo permite? Defenderán los capitalistas que el punto de un negocio es hacer negocio, que lo que vende bien es lo que se debe vender, que si no lo hacen ellos, lo hará la competencia

Galopemos, pues, a otras panaderías. De cinco que visité, tres son diferentes cadenas, una es operada por un extranjero, una es de pueblo, y todas venden bien. ¿Tiene guaguas de pan? Una pausa calculada en los ojos de cada vendedora, tratando de adivinar si lo que quiero es una orden prematura de guaguas. Cuatro de las cinco panaderías están incubando sus propuestas de Día de los Difuntos, con fechas de venta proyectadas entre mediados y no tan mediados de octubre. Una panadería tenía tres tristes guaguas en la vitrina. “Me llegaron hoy, para ver si ya se empiezan a vender.” No me sorprende; esa panadería, en mi pseudo-humilde opinión, hace todo a destiempo. 

Pero Lore, ¿por qué te escandalizas? Gracias por preguntar. Me escandalizo porque esto no es un pan de leche, ni un roscón glaseado, ni una oreja de hojaldre hundida en chocolate. Es un ritual cultural, específico a una fecha con una significancia tan profunda, que ni siquiera la subyugación colonial pudo diseminar su acontecer. Las cosas tienen el valor que les damos, si la sociedad permite reducir el valor de una guagua de pan a un producto más que se encuentra en la panadería, entonces eso es en lo que se convierte. 

Confieso, querido lector, que de todas las cosas que me encantan de nuestro país de maravillas, la colada morada y guaguas de pan es mi tradición favorita. Nada es más representativo de la cultura familiar, de los sentimientos que se comen y las comidas que nos llenan de sentir. Nada más en nuestra cultura hace tanto homenaje a la importancia de reconocer de dónde venimos, como personas y como sociedad

Este caballo no es de fuete ni de espuelas; trota solo. Si bien mi reclamo público está dirigido a una particular cajita de sugerencias, lo cierto es que este es un lamento que también llega a oídos de quienes andan por ahí, en pleno septiembre, comiendo guaguas de pan. 

Qué ganas de enojarse, me dicen con mofa. Es verdad. A veces una monta en Cólera — cuando Correcto no está dispuesto — por cosas que la mayoría dejan pasar. Los carros que se colan a la fila de kilómetro y medio. Los que se van a pasear por todo el supermercado mientras el cajero y los que estamos a la cola esperamos. El que se parquea perpendicular, bloqueando la línea de carros parqueados. No es para tanto, me dijo el otro día un conciudadano parqueado al frente de mi carro. Seguro ese señor come guaguas de pan en septiembre.