A ellos los llaman voluntarios del clima o también observadores climáticos, pero más que su nombre es su misión: medir las lluvias que caen todos los días en cada uno de los lugares de Ecuador en donde viven. En estos cinco años han despertado con precipitaciones abundantes, lloviznas, chubascos o mañanas secas, pero así no llueva, esa información es vital.
Así es la red de voluntarios que monitorea el clima de Ecuador
Se trata de la Red de Observadores Voluntarios del Clima (Volunclima-Voluntarios del Clima), desarrollada por el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (Ciifen), explica Pier Maquilón, especialista en Desarrollo de Servicios Climáticos del Ciifen y coordinador de la red.
Esta original iniciativa de monitoreo del clima nació en Colombia como un proyecto piloto en la cuenca del río Chinchiná en el departamento de Caldas, del proyecto Cuencas Resilientes, financiado por la Usaid. En 2021 se extendió a Ecuador y tres países más: Chile, Venezuela y Bolivia. Entre los cinco países existen 116 estaciones de monitoreo.
Maquilón explica que esta iniciativa de ciencia ciudadana nació para mejorar el monitoreo de las lluvias en sitios donde los servicios meteorológicos de los cinco países no cuentan con estaciones.
La red ecuatoriana está conformada por 56 voluntarios, quienes provienen de 11 provincias del país, entre la Costa, Sierra y la Amazonía, detalla Andy Guadalupe, asistente informático del Ciifen. Su trabajo se concentra en 35 cantones. De ese grupo, 37 observadores son hombres y 19 son mujeres.
La mayor concentración de observadores está en la Cuenca Baja del río Daule, en Guayas, y en la del río Chone, en Manabí. “Tenemos bastantes voluntarios allá en Chone, precisamente por las inundaciones”, dice Maquilón. Cada provincia tiene 13 estaciones, mientras que Santa Elena posee ocho.
En Santa Elena, la Prefectura se sumó al programa con cinco estaciones. En la Amazonía, el PNUD financió una red en la cuenca del río Coca, entre Napo, Sucumbíos y Orellana, para obtener datos sobre la erosión regresiva. En Loja, con otro proyecto se levantó una red de estaciones. En la Sierra, además de la ‘Centinela del Sur’, están Imbabura y Bolívar. Galápagos tiene cuatro.
Ninguno de los voluntarios climáticos recibe remuneración
Entre los 56 observadores hay agricultores —el grupo mayoritario—, técnicos de gestión de riesgos de gobiernos locales, representantes de juntas parroquiales, guardaparques y profesores universitarios, de colegios y escuelas.
Ninguno recibe remuneración, porque esta iniciativa no tiene recursos propios, aclara Maquilón. Todo se ha desarrollado con financiamiento en proyectos de entidades, como la Unión Europea, cooperación Suiza, ONU, Usaid, entre otros.
En compensación, los voluntarios reciben educación o alfabetización climática, porque el objetivo no es que solamente hagan el reporte, sino también “queremos mejorar sus conocimientos meteorológicos y climáticos”, indica Maquilón. Se trata de que los voluntarios tengan la capacidad para utilizar sus propios reportes para la toma de decisiones en sus fincas, comunidades o territorios.
Por ello, el Ciifen les dicta cursos y webinars en un lenguaje amigable, como introducción a la climatología, uso de los datos de la lluvia, observaciones agrometeorológicas, diseño de servicios climáticos, entre otros. La misión del Ciifen con los voluntarios es que lleguen a ser gestores climáticos en sus comunidades y crear comunidades climáticamente resilientes a través de la transferencia de conocimientos.
Antes de convertirse en un observador del clima, “cada voluntario que se involucra en la red pasa por un proceso de capacitación”, con el fin de que para ellos no sea tan complicado entender los datos, indica Yanina Gómez, especialista en gestión estratégica de proyectos del Ciifen.
Todos los años se procura desarrollar actividades con ellos para reforzar la red. Por ejemplo, este año se planifica un taller virtual con voluntarios de los cinco países. En 2024 realizó un encuentro presencial de los voluntarios de Ecuador con productores, técnicos municipales, el Inamhi y la Secretaría de Riesgos. Sobre ese encuentro, Gómez recuerda que los voluntarios “se sintieron parte de un todo”.
La docente de Jipijapa que mide la lluvia con sus alumnos
María Pelay es ingeniera agrónoma y docente de la Unidad Educativa Agropecuaria El Anegado en Jipijapa, cantón de Manabí. En esta zona de montañas exuberantes, con eminente vocación agrícola, Pelay monitorea cuánto llueve cada día en El Anegado, llamada así -es una parroquia- porque las fuertes lluvias inundaban las tierras bajas.
Es voluntaria del clima desde hace tres años, una tarea que comparte con sus alumnos del bachillerato agropecuario. Ella los organiza por grupos para medir la lluvia a las 07:00 de lunes a domingo. Cada semana, quien llega primero al colegio, donde está el pluviómetro, toma el dato y se lo entrega. Ella lo revisa y lo sube a la plataforma. Los fines de semana la relevan los chicos que viven cerca del plantel.
El colegio tiene 120 estudiantes, unos 80 en bachillerato, y una especialidad agropecuaria. Antes veían la estación meteorológica solo en el módulo de tecnología. Ahora leen el instrumento con sus manos, dice la docente, y llevan la información a la casa: casi todos son hijos de agricultores. En El Anegado se cultivan maíz amarillo, cacao, café, frutas, hortalizas, yuca, entre otros.
Un agricultor, de 61 años, monitorea el clima desde el corazón de Chone
Patricio Zambrano vive en Pabón, la puerta de entrada al corazón de Chone, dice de este recinto de Ricaurte, una parroquia manabita. Se siente orgulloso de pertenecer a Volunclima y de aprender sobre lluvias y términos técnicos del clima.
Envía sus reportes todas las mañanas, a las 07:00, haya o no haya lluvia. Tiene claro que así no llueva, es información valiosa para los organismos meteorológicos. Este agricultor, de 61 años, dice que siempre está activo, 24/7 y recuerda que lleva cinco años enviando información para la red del Ciifen. Su estación lleva su nombre y la de su comunidad: Pato Pabón.
Para él, ha sido una gran oportunidad porque ha podido ayudar a muchos agricultores a prepararse para las sequías o los desbordamientos de los esteros y los ríos que hay en su comunidad. Ahoramismo está pendiente del fenómeno de El Niño y hay que prepararse, insiste.
En Pabón, llena de cerros y montañas nativas, se dedica a cultivar sin químicos. Tiene naranjas, mandarinas, toronjas, cacao, así como arroz, maíz, fréjol, pepinos, que son productos de ciclo corto.
De la intuición a los datos sobre la lluvia para regar
Jackson Ortiz es de una familia de agricultores, de la mano de su abuelo y su padre, en el recinto Jerusalén en el cantón Pedro Carbo de Guayas. Sus reportes diarios salen de la estación La Vanilla, el nombre de su finca agroecológica.
Como un ritual diario, a las 07:00 u 08:00, sube los datos a la plataforma desde su teléfono, como lo hace la mayoría de los voluntarios del clima. Lleva tres años en esta tarea, a la cual considera gratificante por su contribución con información meteorológica basada en datos del pluviómetro y no de la intuición.
A la par que cumple esta tarea, los datos que salen del pluviómetro los emplea para saber cuándo puede regar o no sus cultivos en La Vainilla. “Vemos cuánta precipitación cayó y decidimos si ese día se riega o no. “Nos ahorramos el trabajo, recursos y mano de obra”. Por ejemplo, si llovió más de 10 milímetros significa que ese día el riego no es necesario.
En su finca, por donde pasa el riachuelo La Vainilla, tiene cultivos de café con sombra, y cacao nacional orgánico, asociados con plátano y bajo un sistema agroforestal; y achiote. Además, conserva guaduales y áreas de bosque regenerado para mantener el agua del río.
Cómo funciona el monitoreo de los voluntarios del clima
La principal herramienta de los 56 voluntarios del clima es un pequeño instrumento: el pluviómetro. Maquilón explica que se trata del modelo Stratus, del fabricante estadounidense Productive Alternatives, que el Ciifen importa desde Estados Unidos. Cumple los estándares de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y de la NOAA. Algunos equipos llevan cinco años en operación.
Consta de un embudo, un cilindro interno con marcas y un cilindro exterior. El cilindro interno recoge hasta 25,4 milímetros. Si la lluvia supera ese nivel, un agujero drena el agua hacia el cilindro exterior. La capacidad total llega a 279,4 milímetros.
Los observadores revisan el pluviómetro todos los días, entre las 04:30 y las 10:00. Lo ideal es que el reporte se realice a las 07:00 y muchos lo hacen.
La instalación de este instrumento es importante. Maquilón dice que el pluviómetro va empotrado en un pilar y el tope queda a 1,50 metros. También, debe estar alejado de obstáculos que impidan el paso natural de la lluvia (ramas de un árbol, paredes, edificios, cercos) o fuentes artificiales de agua (aspersores, drenajes de agua, etc). Y debe estar a una distancia igual a la altura del obstáculo más alto.
Los tres reportes que envían los observadores climáticos
El primer reporte es la precipitación diaria. El segundo, una encuesta mensual sobre percepción de sequía: el voluntario responde cómo ve la vegetación, el agua, las lluvias y las temperaturas. El Ciifen procesa esas respuestas que
El tercero corresponde a eventos hidrometeorológicos extremos y se envía en cualquier momento. Allí el observador marca lo que ve: precipitación extrema, inundación, granizada, tormenta eléctrica.
Cada reporte admite un comentario de hasta 300 caracteres. Ahí el voluntario anota si hubo frío, calor o nubosidad, y a qué hora llovió: mañana, tarde o noche.
El envío se realiza a través de la aplicación móvil Volunclima, creada para sistemas Android, que funciona también sin conexión a internet y guarda el dato en el teléfono hasta que haya señal. La otra vía es el sitio volunclima.ciifen.org; este está abierto al público en modo invitado para consultar los datos. Un tercer canal informal son los grupos de WhatsApp por país.
En esta red de Whatsapp también están incluidos los técnicos de los organismos meteorológicos y de riesgos, como el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), la Secretaría de Gestión de Riesgos y el Ministerio de Agricultura.
El Inamhi utiliza la información como complemento de su monitoreo, sobre todo en la Costa, donde tiene pocas estaciones. La plataforma incluye servicios REST, una dirección de internet desde la cual instituciones especializadas descargan los registros para sus propias aplicaciones.
Información valiosa para tomar decisiones climáticamente inteligentes
Maquilón resalta que estos datos son necesarios para mejorar la predicción, al analizar el comportamiento del clima y así proveer servicios climáticos para que se tomen decisiones climáticamente inteligentes. El técnico señala que hay cinco sectores en la sociedad que son muy afectados por la variabilidad climática: la agricultura, gestión de riesgos, energía, salud y el agua.
Menciona experiencias como la de Galápagos, que tuvo déficit hídrico en mayo de 2024 y se supo que fue del 40% por la medición de una de las estaciones. El Ciifen presentó los reportes al gobierno de Galápagos y se tomaron medidas para mitigar el impacto de la sequía.
En Palestina, provincia de Guayas, un técnico del GAD municipal alimenta un modelo de alerta temprana de crecidas con los datos de la estación Las Colembas, ubicada aguas arriba.
Cada mes, el Ciifen publica un boletín por país con mapas de precipitación acumulada, el listado de percepción de sequía y los eventos extremos reportados. Igualmente, se generan boletines por estación que reciben solo los voluntarios para sus cultivos.
Los siguientes pasos de Volunclima apuntan al monitoreo de temperatura, con la compra de instrumentos y una nueva capacitación, y a la generación de productos agrometeorológicos para los agricultores de la red. El Ciifen prepara además una propuesta de financiamiento ante la Unión Europea.
Esta iniciativa de los voluntarios del clima tiene un reconocimiento mundial. La Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres catalogó a Volunclima como un compromiso voluntario que apoya la implementación del Marco de Sendai, vigente hasta 2030. El reconocimiento corresponde al primer pilar de esa estrategia: el conocimiento del riesgo.
Las iniciativas ciudadanas en Ecuador
Volunclima es la Red de Observadores Voluntarios del Clima, una iniciativa de ciencia ciudadana desarrollada por el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (Ciifen).
La red nació en Colombia como proyecto piloto en la cuenca del río Chinchiná, en el departamento de Caldas. En 2021 se extendió a Ecuador, Chile, Venezuela y Bolivia. Entre los cinco países suman 116 estaciones de monitoreo. Su propósito es medir la lluvia en sitios donde los servicios meteorológicos no cuentan con estaciones.
Ecuador tiene 56 voluntarios del clima, distribuidos en 11 provincias de la Costa, la Sierra y la Amazonía, con presencia en 35 cantones. Del grupo, 37 son hombres y 19 son mujeres.
La mayor concentración está en la Cuenca Baja del río Daule, en Guayas, y en la del río Chone, en Manabí; cada una con 13 estaciones. Santa Elena tiene ocho, cinco de ellas aportadas por la Prefectura, y Galápagos, cuatro. En la Amazonía, el PNUD financió una red en la cuenca del río Coca, entre Napo, Sucumbíos y Orellana, para monitorear la erosión regresiva.
Con un pluviómetro modelo Stratus, del fabricante estadounidense Productive Alternatives, que cumple los estándares de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y de la NOAA.
El instrumento consta de un embudo, un cilindro interno con marcas y un cilindro exterior. El cilindro interno recoge hasta 25,4 milímetros; si la lluvia supera ese nivel, un agujero drena el agua hacia el cilindro exterior, hasta una capacidad total de 279,4 milímetros. Va empotrado en un pilar, con el tope a 1,50 metros, y alejado de ramas, paredes, cercos o aspersores. La lectura ocurre entre las 04:30 y las 10:00, y lo ideal es reportar a las 07:00.
Ninguno recibe remuneración. La iniciativa no tiene recursos propios y opera con financiamiento de proyectos de la Unión Europea, la cooperación Suiza, la ONU y la Usaid, entre otros.
En compensación, el Ciifen les entrega alfabetización climática: cursos y webinars en lenguaje amigable sobre introducción a la climatología, uso de los datos de lluvia, observaciones agrometeorológicas y diseño de servicios climáticos. Cada voluntario pasa por una capacitación antes de sumarse a la red. Entre los 56 observadores hay agricultores —el grupo mayoritario—, técnicos de gestión de riesgos, representantes de juntas parroquiales, guardaparques y docentes.
Sirven para mejorar la predicción del clima y para que autoridades y productores tomen decisiones climáticamente inteligentes en agricultura, gestión de riesgos, energía, salud y agua.
El Inamhi usa la información como complemento de su monitoreo, sobre todo en la Costa, donde tiene pocas estaciones. En Galápagos, la medición de una de las estaciones permitió establecer el déficit hídrico del 40% de mayo de 2024, y con esos reportes el gobierno local tomó medidas. En Palestina, Guayas, un técnico del GAD alimenta un modelo de alerta temprana de crecidas con los datos de la estación Las Colembas. La Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres catalogó a Volunclima como compromiso del Ciifen en el Marco de Sendai, vigente hasta 2030.