La Unidad de Bienestar Animal (UBA) del Municipio de Quito rescató a Hachi, un perro que vivía aislado en la terraza de una vivienda en el sector de La Alameda.
La intervención se activó tras una denuncia ciudadana que incluyó un video. En las imágenes, se observaba al animal permanecer de forma permanente en ese espacio, donde desarrolló conductas repetitivas.
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El equipo trasladó a Hachi a uno de los centros de la UBA para realizar una evaluación física y etológica. La falta de socialización dejó secuelas evidentes en su comportamiento. Este caso expone las consecuencias del aislamiento prolongado en perros y la importancia de una tenencia responsable.
Secuelas por aislamiento de un perro
Las estereotipias caninas suelen aparecer por estrés, ansiedad, aburrimiento o falta de estímulos. En Hachi, estas conductas se manifestaban con giros en círculos y persecución de su propia cola. En cuadros más graves, estos comportamientos pueden escalar hasta provocar autolesiones. En este caso, el perro presenta afectaciones en la cola por mordeduras constantes.
Hachi tiene aproximadamente tres años. Es de tamaño grande y pelaje café con negro. Su tutor admitió que rara vez lo sacaba a pasear. El animal solo conocía la terraza, un espacio que además presentaba acumulación de suciedad y malos olores. Según explicó, lo mantenía allí porque orinaba dentro del departamento.
Durante la inspección, el tutor no presentó un carné de vacunación actualizado. Tampoco había esterilizado al perro ni gestionó atención veterinaria para tratar sus alteraciones conductuales. Ante estas condiciones, la UBA retiró al animal como medida de protección. La entidad elaborará un informe con las infracciones detectadas.
Proceso de rehabilitación y llamado a la tenencia responsable
Karina Guerrero, etóloga de la UBA, explicó que Hachi muestra un alto nivel de alteración por la falta de socialización. El perro reacciona con recelo ante las personas y adopta una actitud defensiva frente a otros perros. El proceso de recuperación inicia con la generación de confianza. Para ello, el equipo aplica paciencia y contacto positivo.
Actualmente, Hachi aún desconfía, incluso cuando recibe alimento. También muestra temor frente a personas desconocidas. El equipo etológico trabaja en su rehabilitación con estimulación mental y física. Esto incluye juegos de olfato y paseos progresivos. Este proceso requerirá tiempo y constancia.
La socialización no es opcional en los perros; constituye una necesidad básica para su bienestar. La interacción con personas, animales y distintos entornos desde edades tempranas favorece su equilibrio emocional. También previene problemas de conducta y mejora su calidad de vida.
La UBA insiste en que la tenencia responsable implica dedicar tiempo, atención y cuidado. Solo así se evita que más animales desarrollen secuelas como las que presenta Hachi.
🐾 #QuitoNosCuida | ¡Denuncia atendida! 🚨
Tras recibir una alerta de un perro que permanecía en una terraza y presentaba estereotipias (acciones repetitivas como perseguirse la cola), nuestro equipo de inspección acudió al lugar para verificar su estado. 🔍🐕
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— Unidad de Bienestar Animal Quito (@UBAQuito) April 19, 2026