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Entre los jóvenes de Ecuador crece la fe, pero cambia su relación con la iglesia

Los jóvenes entre 20 y 30 años están cambiando la forma de buscar a Dios. Entre la ansiedad, la depresión, los problemas de empleo, el ruido de las redes sociales, la digitalización y la desconfianza en las instituciones, la espiritualidad se abre paso fuera de los templos tradicionales.

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En Ecuador, donde la religión ha sido durante décadas un eje cultural, familiar y social el cambio no es menor. No se trata de una pérdida de fe, sino de una transformación profunda en cómo se vive, se entiende y se practica. La pregunta ya no es si creen, sino cómo y dónde lo hacen.

🎬 Una fe que se vive desde adentro

Para Nahomi Roura, de 31 años, la fe no es un espacio al que se asiste, sino una forma de vivir. Su relación con Jesús- dice- “es intencional; caminamos como compañeros en cada área de mi vida”. No habla de rituales, sino de transformación. “Fue su verdad la que me hizo libre: transformó mi perspectiva, redefinió mi identidad y realineó mi visión”.

Cuenta que a los 24 años su vida dio un giro total. Ese proceso implicó confrontar creencias limitantes, como el perfeccionismo que se manifestaba en sobre análisis y en frenar decisiones por miedo a equivocarse. “Cuando Dios me mostró su perspectiva dejé de operar desde el miedo y comencé a decidir con claridad y dirección”. También rompió creencias culturales, como ‘no debes destacar demasiado porque incomodas o te ven mal’. Agrega que se liberó de patrones generacionales como no necesitar de nadie y hacerlo todo sola. “Romper ese patrón implica soltar la autosuficiencia y empezar a vivir desde la identidad, el descanso y la dirección”, enfatiza.

Mishele Clavijo (izq.) dice que patinar y conversar con Jesús es lo que más le acerca a él. Nahomi Roura, en cambio, dice que disfruta hacer 'journaling' con Dios.
Mishele Clavijo (izq.) dice que patinar y conversar con Jesús es lo que más le acerca a él. Nahomi Roura, en cambio, dice que disfruta hacer ‘journaling’ con Dios.

En su experiencia, la fe atraviesa todo: decisiones, trabajo, relaciones, incluso la forma de liderar. “Para mí, no existe división entre lo ‘secular’ y lo ‘espiritual’”.

Esa integración también aparece en el testimonio de Martina Serrano, de 26 años. Su relación con Dios es “muy reconfortante y muy cercana”. Antes creía, pero se sentía distante. “No caminaba con Él ni lo tenía en mi corazón”, dice. El cambio llegó cuando decidió “rendirlo todo”.

Hoy, su fe se refleja incluso en su trabajo. “Se ve una gran diferencia cuando hago mi trabajo desde mis propias fuerzas vs cuando dejo que el Espíritu me guíe. Es más fluido, más real”.

Para Mishele Clavijo, de 35 años, el proceso ha sido más introspectivo. Define su relación con Dios como “la unión entre mi desarrollo personal que me acerca a su verdad”. En su caso, la espiritualidad no depende de un lugar físico: “La relación con Dios no se da en un espacio físico. Se da en la intimidad”.

A estas mujeres no las une una institución, sino la búsqueda de identidad, propósito, paz y sentido.

🔍La búsqueda: sanar, entender, encontrar dirección

Desde la experiencia pastoral, ese cambio es evidente. El pastor Cristian Parreño lo resume así: hay más jóvenes buscando, pero también más preguntas profundas.

“¿Por qué me siento vacío si tengo todo? ¿Por qué oro y no pasa nada? ¿Cómo sé quién soy realmente?” Son algunas de las inquietudes que llegan.

Según explica, esta generación no solo quiere información, sino respuestas que les permitan sanar. “No solo buscan leer o informarse, sino que buscan ser entendidos sin juzgarlos”.

El contexto influye. Muchos jóvenes llegan atravesando ansiedad, depresión o una sensación de vacío. Y aunque las redes sociales ofrecen motivación constante, él advierte un límite claro: “Encontramos muchas frases inspiradoras, pero que no tienen raíces”.

Esa búsqueda también está cambiando la forma de vivir la espiritualidad. “Esta generación vive la espiritualidad de forma experimental, más personal”, dice. Sin embargo, introduce una tensión clave: “He escuchado personas que dicen: ‘Creo en Dios, pero no en la iglesia’”. Y añade una advertencia: “Una fe sin comunidad, no crece y se desgasta”.

Jóvenes de todas las edades tienen encuentros en donde su fe crece en comunidad.

📊 Esto muestran los datos

Aunque no hay cifras desagregadas sobre prácticas religiosas en jóvenes, los datos disponibles permiten entender la magnitud del cambio. Ecuador atraviesa un momento clave: la edad promedio del país es de 31 años, según el INEC. Es decir, la población se concentra en ese grupo que redefine la forma de creer.

Sin embargo, el último Censo de Población (2022) no incluyó preguntas sobre afiliación religiosa. La referencia oficial más reciente sigue siendo de 2012, cuando el 91,95% de la población afirmaba tener una religión. De ese total, el 80,4% se identificaba como católica y el 11,3% como evangélica.

Una década después, el escenario varió. Según Latinobarómetro, la identificación con el catolicismo cayó de forma sostenida: pasó del 79% en 2014 a 68% en 2023 y a 65% en 2024.

La cifra no implica un aumento directo del ateísmo, sino una transformación más compleja: menos pertenencia institucional y más formas diversas de creer. En ese vacío emergen nuevas formas de espiritualidad -más personales, más flexibles y menos ligadas a estructuras tradicionales- que coinciden con lo que describen tanto líderes religiosos como los propios jóvenes.

🔴 Jóvenes en Ecuador creen en Dios, pero no en la iglesia

Ese distanciamiento de la religión no es aislado. Responde a una transformación más amplia. Aunque Ecuador sigue siendo mayoritariamente creyente, el porcentaje de personas que se identifican como católicas bajó en la última década. Al mismo tiempo, crece una categoría difícil de medir, pero cada vez más visible: personas que creen, pero no se identifican con una institución.

El sociólogo Cristian Parker describe este fenómeno como una “desinstitucionalización religiosa”, en su libro sobre las religiones en América Latina. Es decir, la fe no desaparece, pero deja de estar mediada exclusivamente por estructuras tradicionales.

En este nuevo escenario, los jóvenes construyen su espiritualidad de manera más autónoma. Combinan creencias, cuestionan, exploran. Ya no heredan la fe: la elaboran.

🔥La espiritualidad fuera del templo

Para el catequista Vicente García, los jóvenes valoran la experiencia directa, la meditación y la justicia social sobre el cumplimiento de ritos. Es una fe más exploratoria.

Esa búsqueda también se expresa en otros espacios. Para Vicente García, conocido como el Peregrino de Quito, la espiritualidad no está desapareciendo, sino transformándose.

En sus recorridos por iglesias y conventos del Centro Histórico, ha notado un interés distinto en los jóvenes. “Más que dogmas, buscan la narrativa humana detrás de los templos”.

Los símbolos, la arquitectura y la historia funcionan como un puente. No solo conectan con el pasado, sino con preguntas actuales: el sentido de la vida, el sufrimiento, la identidad.

“Buscan autenticidad y paz interior, intentando hallar espacios de silencio y reflexión que les permitan entender su lugar en un mundo cada vez más caótico y fragmentado”, dice.

Para este psicólogo, la diferencia es clara: esta generación se acerca a lo espiritual “de manera más personal, fluida y menos institucional”. Es una fe más exploratoria, donde la duda es parte del camino.

⛪Iglesias en adaptación

Frente a este escenario, las iglesias no permanecen inmóviles. El padre Xavier Romero, párroco de Guajaló y delegado de Pastoral Juvenil, reconoce que sí hay un retorno de jóvenes, pero bajo nuevas condiciones. “Se han creado espacios para acogerlos, acompañarlos y brindarles protagonismo”, explica, mencionando actividades como horas santas, peregrinaciones y encuentros juveniles.

Sin embargo, también describe el contexto que los atraviesa: fragmentación familiar, fragilidad emocional, dificultades para estudiar o encontrar empleo, e incluso riesgos asociados a violencia o adicciones. “Se acercan a Dios para buscar esa capacidad de escucha y de que les pueda guiar”.

Coincide con el diagnóstico del pastor evangélico en un punto clave: la necesidad de comunidad. “A los jóvenes les hace falta compartir con otros jóvenes las mismas problemáticas… un espacio donde se sientan valorados, escuchados, no solo por sus capacidades, sino por lo que son”.

Pero también identifica un riesgo contemporáneo: la espiritualidad digital. “Se corre el riesgo de individualizar o de llegar a un punto en el que todo sea virtual y perder de vista el sentido del encuentro ‘face to face’”. El desafío, dice, es claro: hablar su lenguaje, crear espacios reales de escucha y reconocerlos como protagonistas, no solo como asistentes.

Johan Chicaiza, de 24 años, cuenta que experimentó el amor de Dios en un retiro espiritual católico, a los 16 años. Pero su camino no ha sido lineal. Tras una etapa de dudas y un distanciamiento marcado por la pérdida de su abuelo, volvió a acercarse a la fe a través de un grupo juvenil. Hoy coordina ese espacio y asegura que su vida cambió. “Dios es el centro de mi vida y la guía constante en cada paso que doy”.

Para este joven ser creyente católico es como nadar contra la corriente. “Ser católico es ser valiente, es aceptar el amor de Dios y tener la fuerza para anunciarlo con nuestras palabras, pero sobre todo con nuestras acciones”.

Kerlly Tzetza, el padre Xavier Romero y Johan Chicaiza.
Kerlly Tzetza y Johan Chicaiza colaboran con el padre Xavier Romero, en la Pastoral Juvenil.

🎯Lo que viene

Lo que está ocurriendo no es un fenómeno pasajero. Es un cambio estructural en la manera en que una generación se relaciona con lo trascendente. Todo apunta a una espiritualidad cada vez más híbrida: personal, emocional, influida por lo digital, pero también en búsqueda de comunidad y profundidad.

Para las iglesias, el reto será adaptarse sin perder esencia. Para los jóvenes, sostener una búsqueda que no se quede en lo superficial. Porque, aunque los caminos cambien, la pregunta de fondo sigue intacta.

En Ecuador, creer sigue siendo importante. Pero para una generación que creció entre certezas rotas y múltiples opciones, la fe ya no se hereda: se construye.

Enlace externo: ¿Qué es la fe?


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