Venezuela debe evitar que sea insertada en el resurgimiento de la ultraderecha, coadyuvando a la autoglorificación de Trump. Entonces, para que la re-institucionalización no sea autocrática, debe persuadirse a los chavistas y machadistas que convengan una transición no violenta, que conduzca a un modelo exitoso como el de Vietnam, en donde coexisten eficientemente lo mejor del capitalismo con lo mejor del socialismo.
Para poner en valor sus enormes reservas petroleras, Venezuela necesita la participación de las empresas extranjeras que tienen el capital y la tecnología. Esto requiere un proceso largo y difícil, para administrar una relación asimétrica con EE. UU., que va más allá de la sola elección de autoridades. Para otorgar la indispensable certidumbre a los inversores, necesita la cooperación de los EE. UU., que, a su vez, busca un poder mundial sobre la energía, no obstante que el petróleo de Venezuela es caro para refinar. Se trataría de una política previsible, de largo plazo.
A tal efecto, es preciso que este proceso histórico complejo permita que actores políticos competentes tengan plena libertad de acción para la despolitización de las fuerzas militares, y la eliminación de los grupos paramilitares, en base a condiciones electorales verificables dentro y fuera, que incluyan los votos de los millones de emigrados.
La alta inflación que sufre Venezuela debe corregirse con una conducción, independiente del Banco Central, de las políticas monetaria y cambiaria, así como la reprivatización de las empresas estatizadas. En lo social, debe hacer grandes progresos en la atención de la salud, la educación y la seguridad social, incluso para que los emigrados regresen a un país que les ofrezca una mejor calidad de vida.