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Los pedidos de Marlon Vargas para acabar el paro tienen poco impacto político, según analistas

Marlon Vargas, presidente de la Conaie, anunció el 22 de octubre de 2025 el fin del paro nacional contra el Gobierno de Daniel Noboa, tras un mes de protestas focalizadas en Imbabura. En su mensaje, denunció una “brutal represión” que dejó tres fallecidos y decenas de heridos, y presentó cuatro pedidos al Ejecutivo: desmilitarizar los territorios indígenas, liberar a los detenidos, reparar a las víctimas y frenar la criminalización de dirigentes.

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Un discurso para sostener el liderazgo de Marlon Vargas

Andrés Obando, especialista en comunicación política, considera que las peticiones de Vargas actúan como una “boya salvavidas” para su liderazgo. Explica que, luego de la decisión de terminar el paro sin una razón contundente, estas exigencias se presentaron como un intento de mantener la narrativa de la movilización y dar sentido a un proceso que concluyó sin resultados tangibles.

Según Obando, dos de los pedidos —la desmilitarización y la reparación a las víctimas— son medidas que el Gobierno ejecutaría de forma natural tras el levantamiento del paro, sin que pueda atribuirse ese logro a Vargas.

En cambio, la liberación de los detenidos y el fin de la criminalización dependen de otros ámbitos institucionales, lo que hace que su concreción no sea un reflejo de fuerza política.

El analista sostiene que el conjunto de exigencias no genera efectos concretos y, por tanto, deja a Vargas en una posición débil frente al Estado y frente a su propio movimiento. En su criterio, el líder indígena buscó preservar su imagen ante sus bases, pero sin capacidad real de presión política.

El margen de maniobra del Gobierno

Para Obando, el Gobierno podría optar por una estrategia de distensión y señalar que atenderá algunas de las demandas. Esto dependerá de cómo se interprete la relación entre Daniel Noboa y la Conaie tras el paro. Si se percibe un acercamiento entre ambas partes, el Ejecutivo podría mostrar apertura; si se interpreta como una victoria del Estado sobre el movimiento, las autoridades podrían restar importancia a los pedidos.

El especialista explica que, en escenarios de alta conflictividad social, el Ejecutivo tiende a mantener el control del relato político. En este caso, Noboa podría presentar las acciones posteriores al paro como decisiones propias, no como concesiones frente a la presión de Vargas.

Obando añade que, en términos simbólicos, el discurso del dirigente indígena pretendió mantener un tono de confrontación, aunque el contexto evidenció una rendición más que una negociación. Esto, afirma, deja una huella negativa en la reputación de Vargas y en la cohesión de la Conaie.

Una dirigencia dividida y sin claridad política

Maximiliano Donoso-Muller, analista político, sostiene que tanto la Conaie como Vargas salieron del paro golpeados y divididos, lo que les resta capacidad de incidencia. Señala que la decisión de “replegarse” para enfocarse en la campaña por el “No” en la consulta popular fue una salida táctica que busca justificar el desgaste de la movilización.

Según Donoso-Muller, la falta de coherencia en las exigencias y los cambios de discurso a lo largo del paro reflejan una pérdida de rumbo dentro del movimiento. En su opinión, la Conaie provocó una fractura interna entre las organizaciones que la integran, lo que complica su papel como actor político nacional.

El analista considera improbable que el Gobierno atienda la mayoría de las peticiones de Vargas. Estima que podría darse un retiro parcial de efectivos militares, pero no una desmilitarización completa, por razones de seguridad. Para Donoso-Muller, el Ejecutivo demostró una estrategia más firme que en movilizaciones anteriores y desactivó los frentes de conflicto antes de la resolución del paro.

Nuevas tensiones y liderazgos en disputa

Donoso-Muller añade que el discurso de Vargas se dirige a grupos que aún apelan a la confrontación, pero dentro del movimiento indígena existen corrientes con nuevas perspectivas. Identifica la aparición de jóvenes dirigentes y bases que cuestionan la visión tradicional de líderes como Vargas y Leonidas Iza.

En ese contexto, el analista considera que la Conaie enfrenta un proceso de renovación inevitable. Las divisiones evidenciadas tras el paro podrían abrir espacio a liderazgos que busquen una relación distinta con el Estado y con la sociedad civil. Sin embargo, advierte que la fragmentación actual debilita la capacidad de negociación colectiva.

El experto concluye que el resultado político del paro fue adverso para la Conaie, que no logró objetivos concretos ni consolidar su cohesión interna. Esto, dice, obliga a repensar sus estrategias y su papel frente al Gobierno de Noboa.

Un saldo negativo para Marlon Vargas y la Conaie

El consultor político, Juan Rivadeneira, coincide en que el mensaje de Vargas estuvo dirigido principalmente a sus seguidores, como un intento de responder a las dudas y presiones dentro del movimiento. Considera que las declaraciones del dirigente fueron una forma de justificar el fin de la protesta ante un escenario nacional en el que la Conaie perdió protagonismo.

Rivadeneira sostiene que Vargas no logró ejercer un mando nacional ni mantener la unidad del movimiento. Recuerda que las exigencias cambiaron con el paso de los días, incorporando temas como el rechazo al FMI, el fin del neoliberalismo y la subida del salario mínimo, lo que generó confusión entre sus bases.

Para el consultor, la brecha entre las demandas de Vargas y las necesidades de los pueblos indígenas fue amplia, y eso debilitó su liderazgo.

Añade que, aunque algunas medidas como la reparación de víctimas puedan concretarse, el saldo general del paro fue de división interna y de pérdida de legitimidad para la dirigencia actual de la Conaie.


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