Cuba atraviesa una situación complicada, un año con apagones. Los apagones se han convertido en parte de la rutina diaria de casi 11 millones de habitantes, con cortes que en varias provincias superan las 20 horas consecutivas. La situación ha paralizado la economía, afectado la vida cotidiana y generado un malestar social creciente que no encuentra alivio.
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Cuba, un año de apagones
Los cubanos deben organizar su vida alrededor de la electricidad. Cocinar, planchar, cargar el celular o almacenar alimentos en los refrigeradores depende de las pocas horas en que la corriente regresa de madrugada.
En La Habana las interrupciones promedian entre cuatro y diez horas al día, pero en el resto del país las cifras superan con facilidad las 20 horas, lo que hace imposible mantener una rutina en hogares, oficinas o fábricas.
Un colapso prolongado
La estatal Unión Eléctrica (UNE), adscrita al Ministerio de Energía y Minas, reconoció que en mayo el promedio nacional de los cortes eléctricos alcanzó las 18 horas. En algunos puntos las interrupciones se extendieron hasta por 38 horas seguidas.
El 12 de febrero fue el día más crítico: en el horario de mayor demanda, más de la mitad del país quedó a oscuras porque el Sistema Energético Nacional (SEN) no pudo responder.
En este período también se han producido cuatro apagones nacionales. Uno estuvo ligado al paso del huracán Helene, pero los otros tres respondieron a fallos internos del SEN. La precariedad de las siete termoeléctricas del país, con décadas de explotación y sin inversiones suficientes, explica gran parte de las fallas. Varias de ellas permanecen a diario fuera de servicio por averías o mantenimientos.
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Durante un tiempo, el Gobierno cubano recurrió a una medida de emergencia: contratar plantas flotantes. Seis llegaron a operar en simultáneo, pero el alto costo y los impagos redujeron esa alternativa a una sola unidad amarrada en la bahía de La Habana.
Causas y promesas incumplidas
La UNE ha indicado que el 66 % de los cortes se debe a la falta de divisas para importar combustible. El resto se relaciona con la obsolescencia de las termoeléctricas. En mayo, las autoridades prometieron que la situación mejoraría en julio, mes de mayor consumo por las altas temperaturas, pero esa expectativa no se cumplió.
Expertos independientes consideran que la recuperación del SEN demandaría entre 8 000 y 10 000 millones de dólares, una cifra fuera del alcance de un país sumido en una crisis económica que ya supera los cinco años.
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El Gobierno, en cambio, insiste en que el factor central son las sanciones de Estados Unidos, a las que atribuye la “asfixia energética” de la isla, según citó recientemente el medio oficialista Razones de Cuba, recogido por la agencia EFE.
Mirada al futuro
El plan oficial más ambicioso es el desarrollo de 92 parques solares con ayuda de China, que aportarían alrededor de 2 000 megavatios de capacidad. Hasta ahora se han inaugurado unos 25, cumpliendo con el cronograma previsto.
Sin embargo, incluso si se cumple la meta para 2031, los expertos advierten que los paneles no bastarán para cubrir la demanda. Faltan sistemas de almacenamiento que permitan garantizar el suministro durante las noches.
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El propio Ministerio de Energía y Minas ha admitido que las termoeléctricas seguirán siendo la columna vertebral del SEN. Eso significa que, en la práctica, los problemas que hoy sufren los cubanos seguirán presentes en los próximos años.
La población, entretanto, continúa levantándose de madrugada para aprovechar unas horas de electricidad, improvisando soluciones para conservar los alimentos y adaptando su vida a un servicio inestable.
Con información de EFE
- Información extra: La isla caribeña, sin energía