Radio Puntual FM Riobamba

Los límites de la política

¿En la guerra, como en la política, todo se vale? La respuesta, evidentemente, es no. Si incluso en la guerra existen líneas rojas que el honor militar no puede transgredir, con mayor razón deben respetarse en la política. Como bien se desprende del pensamiento clásicoel honor en la guerra no es menos necesario que en la política.

Exploremos tres escenarios en los que,  los límites deben estar claramente definidos  y firmemente demarcados:

1.- El arma del engaño: Cuando se recurre a una narrativa alejada de la verdad —aunque eficaz para conducir la opinión pública hacia un fin noble— se incurre en una forma inaceptable de manipulación. El uso deliberado del engaño como estrategia jamás puede ser justificado, ya sea presentado este como mentira, propaganda o framing político (encuadre). Con la credibilidad no se juega, y mucho menos con el sentir ciudadano. En ese orden de ideas, por ejemplo, la proliferación de trolls —sin importar de dónde provengan— representa una distorsión grave del sano debate democrático. Estas prácticas, que aún navegan en las aguas del “anonimato” y de  la impunidad, deben ser objeto de una legislación rigurosa que sancione severamente su uso por parte de  los distintos actores políticos.

2.- Divide et impera: Una cosa es dividir a los opositores políticos y otra muy  distinta y peligrosa es a la sociedad. Reducir la política al axioma “quien no está conmigo está contra mí” es un error histórico que fractura el tejido social, debilita la reflexión crítica y alimenta peligrosamente el caudillismo. Este proceder atenta contra la esencia de la democracia, la libertad de expresión y de opinión. Todo lo cual, erosiona el saludable debate y  produce fracturas internas, incluso dentro de proyectos supuestamente homogéneos, como ha quedado evidenciado en la crisis de RC5.  La inteligencia política radica en comprender y respetar la pluralidad de pensamiento, incluso cuando disiente.  Las sociedades que prosperan no son las fraccionadas, sino las que encuentran unidad en la diversidad y en un  propósito común.

3.- Legislación de plastilina: Los medios para alcanzar fines políticos deben estar siempre enmarcados dentro de la ley, sin forzar su interpretación en función de conveniencias circunstanciales o temporales. El respeto a las instituciones, empezando por la Constitución, debe ser el faro principal de cualquier actuación política,  consecuentemente no puede verse reducida su interpretación  a una suerte de plastilina moldeable a la coyuntura. Para evitar esto, tiene sentido que exista un órgano independiente, técnico y objetivo que garantice el control constitucional, ajeno a las presiones políticas y/o mediáticas.

Dos ejemplos  donde el respeto constitucional  ha sido clave son Alemania y Costa Rica. Tras la caída del nazismo, Alemania adoptó en 1949  su Ley Fundamental (Grundgesetz) que consagró el principio del Estado de derecho, el federalismo y un sólido Tribunal Constitucional Federal (Bundesverfassungsgericht), lo cual fue clave para su transformación en una de las democracias más sólidas del planeta.  Incluso en momentos críticos, como la reunificación de las Alemanias en 1990 o frente a la crisis migratoria, Alemania ha respondido dentro del marco constitucional. Como resultado, se ha logrado estabilidad institucional, crecimiento económico sostenido y una sociedad ordenada que confía en sus instituciones.

Costa Rica, por su parte, abolió su ejército y ha consolidado su democracia en base a una constitución moderna aunque garantista. La Sala Constitucional ha desempeñado un papel muy importante en la protección de los derechos fundamentales. A diferencia de sus vecinos centroamericanos, ha evitado dictaduras, guerras civiles y rupturas institucionales. Logrando con aquello paz, estabilidad democrática y uno de los índices de desarrollo humano más altos de la región. Es considerada una democracia plena según el Democracy Index 2024 elaborado por el Economist Intelligence Unit (EIU), ocupando el puesto 18 a nivel mundial.

En conclusión, el complejo y responsable ejercicio de la política, debe tener límites definidos por los principios democráticos y por los valores de quienes la ejercen. No hay honor en la victoria, si para alcanzarla se vulneran los fundamentos mismos de la democracia. Donde se respetan los límites, florecen las repúblicas, ya que donde se deforma la Constitución, la democracia se desintegra.