Radio Puntual FM Riobamba

Cartas a Quito / 20 de julio de 2025

Respuesta a la pedagogía de la supervivencia ecuatoriana

¿Es acaso la pedagogía una herramienta de poder o supervivencia? En Ecuador, a expensas de la constante cotidianidad de delincuencia, violencia y opresión; la pedagogía responde bajo apartados de “normalización” y consecuentemente, supuestos de “supervivencia”. Y es que, los datos son elocuentes en su crudeza: los homicidios aumentaron de 5,8 por cada 100.000 habitantes en 2017 a 43 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2023 (Barría, 2023; Human Rights Watch, 2024). Convirtiendo la delincuencia en un negocio rentable no solo para los grupos más vulnerables expuestos a pobreza extrema, sino para adolescentes y adultos que no cuentan con un sistema de seguridad laboral.

El Estado, generalmente ausente, se presenta únicamente a través de sus aparatos represivos, mientras que las instituciones democráticas son débiles frente a la crisis de seguridad; esto es, una institución gobernante que profesa, cual héroe mediocre, castigo sin verdadera resolución alguna. Así, el constante incremento de la criminalidad se traduce automáticamente en la aceptación social de medidas violentas y represivas, enmascaradas bajo estados de excepción que violan la privacidad de las personas en nombre de una supuesta “protección” para la sociedad.

De este modo, el miedo, además de ser pan de cada día, se convierte en el mejor aliado no sólo para el control de las personas, sino para generar una dependencia totalitaria hacia las políticas gubernamentales. Los ciudadanos pierden su capacidad de actuar e intervenir en las situaciones cotidianas, refugiándose en la esperanza de que “el gobierno encuentre una solución”. Pero resulta, que tal como lo señalan Acevedo y Valenti (2017) la crisis actual del Estado ecuatoriano se manifiesta en su incapacidad para generar condiciones de vida digna para su población; en donde, la falta de oportunidades laborales y la educación de baja calidad conducen inevitablemente al crimen y la desesperación. Es en este contexto, que queda preguntarse, ¿de qué sirve un uniforme si no trae consigo justicia? ¿De qué sirve una bandera si no protege a quienes nacen bajo ella? ¿De qué sirven las herramientas si solo se traducen en supervivencia?

Por consiguiente, el proceso educativo responde bajo la égida del miedo crónico, surgiendo lo que podría denominarse una pedagogía del sometimiento que, por medio de la desensibilización progresiva, se convierte ya en una “pedagogía de la supervivencia”. Un proceso educativo social mediante el cual las personas aprenden códigos de comportamiento y estrategias para subsistir en contextos de violencia. Esto se materializa en formas brutalmente específicas que contemplan la internalización de una actitud pasiva frente a lo delictivo; esto es, cuando se enseña a los estudiantes a no resistirse en un asalto, cuando se decide no intervenir por miedo a ser el siguiente, cuando se cambian las rutas generalmente por las cuales se transita hacia los hogares o cuando se modifican los horarios de salida.

Así, actualmente, la sociedad se forma bajo una lógica de “resistir o morir”, una formación que, si bien puede salvar vidas, también reproduce una narrativa de resignación frente a la injusticia, donde la población se habitúa a sobrevivir en vez de vivir dignamente. La violencia simbólica se ve reflejada especialmente cuando por cuestión de la herencia cultural se aceptan las desigualdades sociales como algo natural (Mosquera-Endara y Ayol- Gusñay, 2022). Y esto también es violencia; cuando educar para sobrevivir sustituye el derecho a una vida plena. En este caso, se observa que la resistencia, el autocontrol o la obediencia al protocolo, silencian a la crítica como la denuncia, la organización colectiva o la acción política transformadora. De este modo, el educando es moldeado no como sujeto crítico, sino como un cuerpo dócil y funcional ante la emergencia, reforzando una lógica tecnocrática que minimiza el componente ético y emancipador de la educación (Sarramona y Vásquez, 2024).

Esta situación obliga a las poblaciones vulnerables en el ámbito económico a adaptarse a los contextos precarios como si estos no fueran inevitables. Se vulnera la capacidad de una persona para garantizar su sostenibilidad económica y la de su núcleo familiar. Por lo que, la pedagogía de la supervivencia educa para resistir carencias, pero no para cuestionarlas, exigir derechos o transformar estructuras injustas (Díaz y de Lourdes, 2017; Borja et al., 2025).

Consecuentemente, esto trae la inevitable pregunta de ¿quién crece si solo se intenta sobrevivir? Y aquí aparece una nueva idea, pues reconocer la existencia de la pedagogía de la supervivencia confronta cara a cara el conflicto como primer acercamiento hacia la transformación social, no obstante, es en la “pedagogía crítica” en donde se establece un paradigma de interpretación y análisis del conocimiento, como forma de liberación política-social anexada a las posibilidades de la propia cultura; de este modo, resuena el sentido de interacción horizontal como quien predispone el desarrollo del pensamiento crítico, autonomía, equidad y emancipación (Ramírez, 2008).

Así, si se trata de hablar sobre la desnormalización de la idea de la criminalidad, el trabajo pedagógico debe superar limitaciones en la reproducción ideológica, para marcar un escenario en donde el discurso sea crítico y objeto de crítica, responsable de la realidad social y no ajeno a ella. Y es que, no se enseña para adiestrar al individuo a la hostilidad, se enseña para criticar los cimientos de la sociedad hipervigilante, se enseña la contemplación en medio de un mundo latente, se enseña a construir y reconstruir el sistema; a fin de que, la negatividad de la amenaza no domine la positividad del aprendizaje.

Entonces, en una sociedad en donde la libertad se reduce a la capacidad de evadir el colapso; una transformación no requiere solamente de conciencia social o ideación, sino de la construcción de un sostén estructural a dicho cambio; pues, cuando el poder judicial manda y no otorga; el poder colectivo debe reclamar su lugar a través de la organización social, la gestión de redes, la visión comunitaria a futuro y lo más importante, la responsabilidad simbólica y narrativa de renunciar a la comodidad, ya que, aunque desde el miedo se sobrevive, desde la transformación se vitaliza la sociedad.

¿Pero qué ocurre en el contexto ecuatoriano en donde el agotamiento estructural se convierte en cansancio existencial por resultado de vivir bajo constante amenaza? La subjetividad neoliberal ecuatoriana se caracteriza por la promoción del individualismo competitivo, la meritocracia como ideología legitimadora de las desigualdades y la mercantilización de las relaciones sociales; en este sentido, los sujetos son formados para competir entre sí en lugar de organizarse colectivamente para transformar las condiciones estructurales de su opresión (Suárez, 2021).

De forma que, el otro deja de ser un posible aliado y se convierte en un riesgo potencial; así, no resulta extraño que la apatía sea una respuesta lógica; ya que, el espíritu, anestesiado por el miedo crónico, converge en una profunda desconfianza que erosiona el lazo social a un nivel íntimo y, por consiguiente, el tejido social se ve permeado por recelo mutuo y sospecha.

En este sentido, finalmente, quien emerge como verdadero sostén estructural son los sitios de aprendizaje; quienes ya no solo necesitan una pedagogía crítica, sino también una pedagogía del tiempo liberado, en que no se trate tan solo de resistencia sino de un acto de rebelión en desaceleración. En el Ecuador actual, donde el agotamiento es una plaga, esto se traduce en espacios de respiro y autonomía; comunidades donde el arte no sea vandalismo sino expresión vital, donde los parques no solo sean promotores del deporte sino aulas abiertas para el debate, donde la risa sin motivo desafíe la solemnidad impuesta por el miedo, y el juego se convierte en una forma de resistencia activa contra la productividad forzada.

En realidad, si bien la acción colectiva es el martillo que rompe las cadenas, el individuo en sí es la chispa que enciende la hoguera de la disidencia, quemando los hilos de la hipervigilancia, liberando el tiempo robado para que el pueblo, al fin dueño de su ritmo y su voz, construya su propia verdad, inquebrantable ante cualquier tiranía y cualquier intento de “normalizar” lo innatural. Cada acto de desobediencia civil hacia la pedagogía de la supervivencia, cada “no” pronunciado con convicción, cada negativa a ser cómplice del sistema, como el simple acto de apagar la televisión cuando solo se emite propaganda del miedo, en negarse a participar en la cultura de la sospecha mutua, en defender a un desconocido, en evitar renunciar a su propia humanidad

frente a la deshumanización del sistema; puede ser más contagiosa que cualquier discurso, pues solo así, en esos actos individuales, la conciencia social fielmente se vitaliza en transformación. Referencias Acevedo, C., y Valenti, G. (2017). Exclusión social en Ecuador. Buen Vivir y modernización capitalista. Polis (Santiago), 16(46). http://dx.doi.org/10.4067/S0718- 65682017000100151

Barría, C. (2023). Violencia en Ecuador: “Muchos ecuatorianos quieren mano dura al estilo Bukele. Ese es el perfecto caldo de cultivo para el populismo”. BBC. https://www.bbc.com/mundo/article s/crglx4w7p80o#:~:text=Pasamos% 20de%205%2C8%20homicidios,ho micidios%20aumentaron%20m%C 3%A1s%20de%20300%25. Borja, E., Veloz, J., Rodríguez, D., y Meléndez, D. (2025). La escuela como espacio de justicia social. Conexión Científica: Revista Internacional (CCRI), 2(3). https://dialnet.unirioja.es/servlet/art iculo?codigo=10193076 Díaz, C., y de Lourdes, P. (2017). Vulnerabilidad educativa: Un estudio desde el paradigma socio crítico. Praxis educativa, 21(1), 46- 54. https://dx.doi.org/10.19137/praxise ducativa-2017-210105

Human Rights Watch. (2024). Informe Mundial 2024. Ecuador: Eventos de 2023. Human Rights Watch. https://www.hrw.org/es/worldreport/2024/countrychapters/ecuador Mosquera-Endara, M., y Ayol-Gusñay, J. (2022). Violencia masculina y silenciosa en el Ecuador. Iustitia Socialis: Revista Arbitrada de Ciencias Jurídicas y Criminalísticas, 7(2).

http://dx.doi.org/10.35381/racji.v7i 2.2385 Ramírez, R. (2Ramírez, R. (2008). La pedagogia crítica: Una manera ética de generar processos educativos. Folio: Revista de la Facultad de Humanidades, (28), 108-119. http://dx.doi.org/10.17227/0123487 0.28folios108.119 Sarramona, C., y Vásquez, G. (2024). Reflexión y práctica pedagógica. Revista española de pedagogía, 82(287). 177-183. ttp://dx.doi.org/10.22550/2174- 0909.3936 Suárez, H. (2021). Gubernamentalidad y resistencia al neoliberalismo en la obra de Michel Foucault. Una tentativa de liberarnos de nosotros mismos. Diánoia, 65(85). https://doi.org/10.22201/iifs.18704 913e.2020.85.1845

Evelin Gisella Benavides Palango, Tamara Violeta Manitio Jácome, Lisbeth Guadalupe Tedes León y Lisset Anahí Palacios Cando