El país ha conocido en estos días las cifra oficiales sobre el logro de una balanza comercial favorable en el 2024; hemos exportado en ese período, después de 25 años, más que el valor de nuestras importaciones, sin contar el petróleo. El gobierno lo concibe como un indicador que expresa la eficiencia de su gestión; algunos análisis realizados por quienes siguen el curso de la economía nacional, consideran este resultado como un verdadero éxito.
Para llegar a comprender su significado es necesario poner este resultado en el contexto global del desenvolvimiento de la economía del país, incluida la influencia del ambiente internacional.
La balanza comercial no es solamente el resultado de la diferencia entre el valor de las exportaciones y el de las importaciones, pues tras de sí se encuentra toda la dinámica de los factores que determinan y condicionan al proceso productivo, que está en la base del comportamiento de las dos variables. Por tanto, un superávit comercial –exportaciones mayores que las importaciones– no necesariamente es el resultado de una economía boyante, en crecimiento y con buenas perspectivas, por lo menos para el corto plazo. Puede también darse en circunstancias adversas, aun en etapas de contracción económica, dependiendo de las fluctuaciones de los precios de los bienes tranzados en el comercio internacional, o de una franca situación de descenso de la demanda interna. Se puede sostener que un superávit comercial puede deberse a causas favorables o también adversas.
Las circunstancias bajo las que se alcanza este resultado en el país, en el año 2024, son las propias de un contexto económico negativo: el PIB tiene visos de decrecimiento en ese periodo, el consumo de los hogares ha caído, la inversión privada es muy baja y la extranjera es casi inexistente. Por el contrario, los precios de los bienes y servicios se han elevado como consecuencia del aumento de la tasa del IVA. Se revela la baja de la capacidad de consumo por los bajos ingresos para la mayoría de la población. La precariedad de los ingresos y el desempleo elevado no permiten más que satisfacer mal y sin regularidad las necesidades de supervivencia de la población más débil económicamente. Si los hogares tienen menos capacidad de consumo, es dable deducir que las empresas no están vendiendo lo suficiente; por consecuencia no se contrata gente, es decir, no se está generando empleo.
El crecimiento de las exportaciones en el año 2024 (10, 6 %) se debe a razones externas, en especial por el boom de los precios del cacao, y no es el resultado de una eficiente política comercial. En cuanto a las importaciones, estas decrecieron en 4,8%, lo cual demuestra que el Ecuador no está consumiendo lo suficiente por la vía de las importaciones. Esto refleja el descenso de la inversión, pues los bienes importados se utilizan en alta proporción para generar producción, mediante la adquisición importada de maquinaria, equipo y bienes de capital, o para el consumo interno de bienes y servicios. Ante la falta de inversión, las importaciones de bienes que pueden dinamizar la producción se reducen, con lo cual se abona al decrecimiento de la economía. El “ahorro” de las divisas que no se utilizaron en importaciones no es otra cosa que una ficción, pues el aparato productivo reduce su capacidad de producción, con los consiguientes efectos en el empleo.
Por el contrario, en una balanza comercial positiva arropada por un proceso de crecimiento económico, el incremento de las exportaciones puede expresarse en condiciones de sustentabilidad, es decir no es coyuntural ni responde a una causa o evento que deja de tener efecto en poco tiempo.
En una economía dolarizada como la ecuatoriana, la necesidad de disponer de dólares no responde solamente por los requerimientos de divisas para financiar las importaciones, sino para el funcionamiento de la economía en su conjunto. Esto implica la necesidad de fijar objetivos y metas de crecimiento económico, cuando no de desarrollo, con características de un proyecto nacional en donde el saldo comercial positivo previsto tenga un sentido y significado específico, con un rol claro del comercio exterior y sus efectos en el fortalecimiento de los sectores productivos.
La definición de objetivos nacionales y su cumplimiento son símbolos de la aplicación de políticas económicas definidas con fines de asegurar el crecimiento económico y la equidad social. La carencia de un objetivo nacional en el que tengan lugar el crecimiento económico y su justa distribución condena al país al estancamiento de su economía y a la desigualdad social.
El resultado positivo de la balanza comercial en el 2024 contrasta con la carencia del país de una política de crecimiento consistente y coherente con las necesidades nacionales.