Radio Puntual FM Riobamba

Cartas a Quito / 11 de octubre de 2026

Cuando los años avanzan, el hombre debe seguir de pie

Hay batallas que un hombre no libra con los puños, sino con los años.

La juventud se va silenciosamente. Un día descubrimos que aquello que antes hacíamos sin esfuerzo ahora requiere más tiempo, más cuidado o incluso la ayuda de otra persona.

Y ahí comprendemos una verdad que pocas veces queremos aceptar: el problema de envejecer no son las canas, las arrugas ni los años cumplidos; el verdadero desafío es perder la autonomía.

Un hombre está acostumbrado a resolver, trabajar, proteger, decidir y salir adelante. Por eso puede resultar difícil aceptar que algún día necesite ayuda para caminar, movilizarse, realizar sus actividades cotidianas o tomar determinadas decisiones.

Pero pedir ayuda no es cobardía. Aceptar nuestras limitaciones tampoco es rendirse.

La verdadera fortaleza está en conservar la dignidad aun cuando el cuerpo comienza a exigirnos más de lo que antes podía darnos.

Por eso, mientras tengamos salud y fuerzas, debemos prepararnos. Cuidemos nuestro cuerpo.

Alimentémonos mejor. Hagamos ejercicio. Mantengamos la mente activa. Trabajemos con responsabilidad. Ahorremos cuando sea posible. Cultivemos buenas amistades.

Alejémonos de quienes solamente aparecen cuando necesitan algo. Y no olvidemos algo fundamental: también debemos aprender a cuidar nuestra paz.

Porque de nada sirve llegar a viejo con dinero si hemos perdido la tranquilidad; de nada sirve tener bienes si estamos rodeados de personas que no nos respetan; y de poco sirve haber ganado muchas batallas si nunca aprendimos a disfrutar la vida.

También está la fe. El hombre puede hacer planes, trabajar y prepararse para el mañana, pero jamás tendrá el control absoluto sobre lo que vendrá. Para quienes creemos en Dios, confiar en Él significa reconocer que nuestra existencia tiene un propósito mucho más grande que nuestras propias fuerzas.

Los años no deben convertirnos en hombres derrotados. Deben convertirnos en hombres más prudentes, más serenos y más agradecidos. Porque envejecer no significa dejar de ser fuerte. Significa aprender una nueva manera de serlo.

Que Dios nos conceda llegar a los años mayores con salud, sabiduría, dignidad, buenos recuerdos y personas sinceras a nuestro lado.

Y cuando llegue el momento de necesitar una mano, que nunca nos falte una mano amiga que nos ayude a levantarnos.

Porque un hombre puede perder juventud, fuerza y velocidad… pero mientras conserve su dignidad, su fe y sus ganas de vivir, todavía tiene mucho que ofrecer.

Elio Roberto Ortega Icaza