El sábado 29 de agosto, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos elevó a Ecuador a alerta roja por el fenómeno de El Niño. Esto significa que el evento climático está en curso y que a partir de ahora ya no se trata de anticiparse, sino de resistir lo que venga.
Hay que ser honestos sobre lo que se puede y lo que no se puede hacer en este punto. Construir obras de contención de gran escala en cuestión de semanas es, sencillamente, imposible. También hay que admitir que la gestión del riesgo en el país ha sido, históricamente, más reactiva que preventiva, y no hay alerta roja que revierta eso de la noche a la mañana. Lo que sí hay margen para hacer es activar protocolos, coordinar recursos y anticipar los puntos donde ya se sabe que los daños van a repetirse.
El fenómeno de El Niño, que se espera para el último trimestre de 2026 en Ecuador, nos demostrará cuánto aprendims de las lecciones que nos dejaron los anteriores El Niño.
Si bien las obras de los proyectos multipropósito del Bulubulu, Cañar, Naranjal y Multipropósito han contenido inundaciones mayores en Guayas, El Oro, Cañar y Manabí, hay otras zonas que siguen siendo vulnerables en la Costa. Cada invierno ha demostrado que se inundan y las familias repiten la misma tragedia cada año.
Babahoyo es uno de los ejemplos más recientes: en 2026 pasó 15 días bajo el agua. Si ese patrón se repite este año, la pregunta que le corresponde hacerse al Gobierno central y a los gobiernos seccionales no es si va a pasar, sino qué van a hacer distinto esta vez.
La Sierra enfrenta el problema inverso, y por eso mismo suele quedar en segundo plano en la conversación pública: sequía, riesgo de incendios forestales y presión sobre la producción de alimentos por falta de lluvia. Ignorar esa región porque el agua que inunda la Costa acapara los titulares sería un error en la atención y gestión de acciones para en algo mitigar los impactos.
Hay algunas preguntas concretas que las autoridades todavía deben responder con claridad para la población: qué vías alternas se usarán si las principales quedan inundadas, cómo llegarán los alimentos a los mercados, qué pasa con los productores que pierden la cosecha y, en general, cómo Ecuador llega al fenómeno climático El Niño, que las proyecciones sugieren como un ‘Súper El Niño’.
En el último trimestre, los ecuatorianos sabremos qué tanto nos preparamos para enfrentar las inclemencias de El Niño, que ahora nos pone en alerta roja.
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