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¿Sabes menos de tecnología que tu hijo? Esto explica la brecha digital

Escarlata Arévalo, madre de familia en Quito, tiene un hijo de 7 años, Maximiliano. En esta época de vacaciones, él le pidió algo que la dejó sin saber qué responder: quería abrir ChatGPT y hablarle por audio, como si fuera una persona. A Maximiliano le fascina el universo, los animales, la ciencia -y a Escarlata le dio miedo no saber qué le iba a contestar la aplicación, ni hasta dónde iba a llegar la curiosidad de su hijo. “Yo la verdad desconozco un montón”. Cuando no sabe qué hacer, su solución más fácil es quitarle el celular. Sabe que no debería ser así. Sabe, también, que tarde o temprano Maximiliano va a tener ese contacto de todos modos: por el teléfono de sus primos, de sus amigos, de la escuela.

La historia de Escarlata no es excepcional. Es el retrato de un fenómeno al que se enfrentan a diario los padres de niños, niñas y adolescentes: sus competencias digitales para guiar a sus hijos no están a la altura de las necesidades y demandas que la tecnología les exige hoy.

💡 El lío no es tener tecnología. Es saber usar con otro al lado

Durante años, hablar de brecha digital en Ecuador significaba hablar de acceso: quién tiene celular o internet, y quién puede pagarlo. Esa brecha, en buena parte, se cerró. Lo que no está resuelto: la capacidad de un adulto para entender qué hace su hijo en una pantalla, y para acompañarlo mientras lo hace.

📊 El Censo del 2022 muestra que la brecha ya no es de acceso

  • 4 513 450 hogares ecuatorianos tienen celular frente a 675 377 que no. El acceso al teléfono móvil está prácticamente resuelto (Censo 2022, INEC).
  • Pero solo 1 987 914 hogares tienen computadora (de escritorio o laptop), frente a 3 200 913 que no. La mayoría de familias ecuatorianas se relaciona con la tecnología casi exclusivamente a través del celular, un dispositivo distinto al que suele usarse para configurar controles o filtros con más detalle.
  • Solo 21,3% de los trabajadores ecuatorianos tenía educación superior a mayo de 2026 (INEC). El 38% terminó bachillerato y un porcentaje similar, educación básica. Esto también incide en cómo los padres acompañan a sus hijos en el uso de la tecnología.

👨‍👩‍👧 ¿De qué forma gestionas el tiempo de pantalla de tu hijo?

Hay padres que prefieren ser amigos de sus hijos en redes sociales para saber qué publican. Hay otros que revisan el celular sin avisar. También están los que instalan una aplicación que bloquea contenido. Y hay quienes, como Escarlata, simplemente no saben por dónde empezar y terminan quitando el celular.

Una investigación con 327 padres y madres de adolescentes de cuatro instituciones educativas de Cuenca, publicada este 2025 en la Revista Latinoamericana de Estudios de Familia, identificó que estos comportamientos responden a cuatro estrategias distintas de ‘mediación parental‘. Es decir, las formas en que un adulto interviene en el uso que su hijo hace de la tecnología:

  • Habilitante: dialogar, explorar internet junto al hijo, explicarle qué páginas son apropiadas, ser su amigo en redes para acompañar sin invadir.
  • De monitoreo: revisar después, sin que el hijo necesariamente lo sepa, qué aplicaciones descargó o qué contenido vio.
  • Restrictiva: poner límites o prohibiciones directas, sobre todo de tiempo.
  • Técnica: usar herramientas -controles parentales, bloqueo de contenido, localización- para regular el acceso desde el dispositivo mismo.

En Cuenca, la que predomina por lejos es la habilitante: los padres prefieren dialogar y explicar antes que prohibir o instalar un programa de control. La técnica es, en cambio, la más débil -aunque con un matiz: el 81,1% de padres sí gestiona el tiempo que sus hijos pasan conectados, pero más de la mitad no bloquea contenido, no da seguimiento a las aplicaciones descargadas ni usa localización.

La mediación parental baja a más edad del hijo e incide el nivel educativo

María Dolores Palacios, PhD en psicología e investigadora del estudio, explica por qué: “la mediación técnica (…) es la menos frecuente, lo que evidencia limitaciones en las competencias instrumentales, como el tema de aplicar programas de control parental, configurar dispositivos, el tema de utilizar filtros parentales o gestionar herramientas de seguridad”. En otras palabras: no es que los padres no quieran usar estas herramientas, es que no siempre saben cómo.

El estudio también encontró algo que probablemente muchos padres reconocerán: cuanto más crece el adolescente, menos mediación de cualquier tipo recibe. Los padres de chicos de 12 a 14 años bloquean, dan seguimiento y localizan más que los padres de adolescentes de 15 a 17. Esto no es porque el riesgo desaparezca con la edad, sino porque confían más en la autorregulación de los hijos mayores.

A esto se suma que hablar con sus hijos sobre las actividades en línea aumenta aproximadamente del 41% en padres con educación primaria al 61% en quienes poseen estudios universitarios, explica Palacios.

📱 Uno de cada tres adolescentes en Cuenca dice que sus padres publicaron algo suyo sin preguntarle

📈 Lo que muestran las cifras

El 35,7% de los adolescentes cuencanos encuestados en otra investigación -esta vez con 460 adolescentes y 362 padres, Alfabetización digital y sharenting en padres e hijos adolescentes de Cuenca, Ecuador, publicada en la Revista Sociedad & Tecnología- asegura que sus padres publicaron mensajes, imágenes o videos sobre ellos sin consultarles antes.

Uno de cada cuatro (25,5%) ha pedido alguna vez que se elimine ese contenido. Uno de cada cinco (20,9%) dice haberse sentido incómodo o molesto por algo que sus padres subieron a internet.

🔍 Qué son el sharenting y la alfabetización digital

Esa práctica -publicar en redes fotos, videos o información de los propios hijos- tiene nombre: sharenting, una combinación de las palabras en inglés share (compartir) y parenting (crianza), según explica Gardenia Conforme, coautora del estudio y docente investigadora de la Universidad de Cuenca. El 74,65% de los padres cuencanos encuestados reconoce practicarlo. Esto ocurre casi siempre por una razón entendible: el deseo de mantenerse en contacto con familiares y amigos (59,15%). Pero solo el 22,54% consulta a su hijo antes de publicar, y el 8,20% evita mostrar su rostro con claridad.

La alfabetización digital no es solo tener celular

Detrás de esa práctica está otro concepto que suele confundirse con simplemente “saber usar el celular”: la alfabetización digital. “No consiste simplemente en tener un celular o conexión a internet -se refiere a la capacidad de utilizar la tecnología con criterio, seguridad y autonomía”, explica Conforme.

El estudio midió cinco dimensiones de esa capacidad: instrumentales, de navegación y valoración crítica, sociales, creativas y móviles. Entre los padres cuencanos, las más desarrolladas son las sociales (saber qué publicar y gestionar contactos); las más débiles, las creativas. Entre los adolescentes ocurre algo parecido, pero con una diferencia relevante: su competencia más débil es la de navegación y valoración crítica -evaluar si la información que ven es confiable- y es incluso más baja que la de sus propios padres en esa misma dimensión.

No toda publicación termina en conflicto, aclara Conforme, y la diferencia está en cuándo ocurre la conversación: “hay consentimiento cuando el adulto muestra la fotografía antes de publicarla (…) hay negociación cuando conversan sobre qué puede compartirse (…) Y el conflicto, en cambio, suele aparecer cuando el contenido ya está en línea y el hijo pide que se retire”. Es decir, la misma foto puede terminar en acuerdo o en malestar dependiendo únicamente de si el diálogo ocurrió antes o después de publicarla.

Una precisión importante, señalada por la investigadora: el estudio no puede probar que un padre con menos alfabetización digital publique de forma más riesgosa. Son dos fenómenos que se documentaron por separado, no uno causando al otro. Lo que sí muestran los números es que estar muy conectado no es lo mismo que saber proteger -una persona puede manejar una red social con soltura y aun así no anticipar quién puede ver una foto de su hijo o qué puede pasar con ella después.

📸 “Es solo una foto”, piensan. Y no es cierto

Iván Terceros, de la Fundación Openlab Ecuador -un laboratorio ciudadano dedicado a cultura digital y derechos digitales que trabaja con comunidades, docentes y familias- resume el problema del sharenting en una frase que conecta directamente con esos datos: los padres publican fotos de sus hijos con la mejor intención. “Pero no son conscientes de que pueden estar abriendo la puerta a una gran cantidad de peligros”. Muchos dirán: es solo una foto, dice.

Terceros distingue tres terrenos donde ve el mismo patrón de fondo: los padres de hoy, aunque son en su mayoría millennials con más destreza tecnológica que generaciones anteriores, no siempre acompañan esa destreza con un uso crítico. En redes sociales, ve poca reflexión sobre los riesgos del sharenting. Para los videojuegos ve un choque generacional real: muchos padres no crecieron jugando, o crecieron con el estigma de que “no es bueno para el estudio” -y ese desconocimiento es aún mayor cuando se trata de niñas, porque no crecieron con videojuegos y no les resulta normal que ellas jueguen.

En inteligencia artificial, ve algo distinto: una tecnología tan nueva que ni siquiera hay consenso cultural sobre si es buena o mala, lo que deja a los padres sin marco de referencia para reaccionar cuando ven a sus hijos usarla para hacer tareas.

Luis Miguel J., padre de un adolescente de 16 años, coincide desde su propia experiencia: si pudiera aprender una sola cosa de tecnología, sería justamente eso. “Todo lo relacionado con la IA -dice-, porque te da infinidad de información y opciones (…) que pueden facilitar la forma de aprender de los muchachos”.

👶 La brecha digital empieza antes de la adolescencia

El problema no arranca a los 12 años. La Unidad Patronato Municipal San José, que administra Wawamor -una estrategia de acompañamiento a la primera infancia (0 a 6 años) desarrollada junto con Unicef como parte de la Política Metropolitana de Primera Infancia de Quito- confirma que las familias con niños pequeños ya enfrentan las mismas dudas. Entre ellas: cómo manejar el tiempo de pantalla, qué contenido es apropiado, cómo poner límites sin saber muy bien cómo hacerlo. “Se ha identificado que algunas madres, padres y cuidadores presentan dificultades para establecer límites y regular el tiempo de exposición de niñas y niños a dispositivos con pantalla”, reconoce la institución.

En ese contexto, la Unidad Patronato Municipal San José impulsa acciones para fortalecer las competencias parentales y de cuidado mediante procesos de acompañamiento familiar, formación y orientación a madres, padres y cuidadores. Se promueve prácticas de crianza positiva que contribuyan a crear entornos protectores, seguros y estimulantes. El objetivo es que la tecnología sea un recurso de apoyo al aprendizaje y al desarrollo. Y no reemplace el vínculo afectivo, la interacción humana y las experiencias claves que caracterizan la primera infancia.

🏛️ Lo que el Estado sabe, y lo que no mide

El Ministerio de Telecomunicaciones (Mintel) identifica cinco brechas estructurales en su política pública de transformación digital:

  • Brecha generacional y de acompañamiento: mientras niñas, niños y jóvenes adoptan nuevas tecnologías e IA, los adultos necesitan fortalecer su capacidad de mediar, gestionar la privacidad e identificar riesgos
  • De uso significativo y competencias avanzadas
  • De seguridad y confianza digital
  • Territorial y socioeconómica (urbano-rural)
  • De género en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM)

El Ministerio capacitó a 720 mil personas en los últimos tres años a través de su red de 1 012 Puntos Digitales Gratuitos. Además, en el primer semestre de 2026 formó a 14 296 ciudadanos en ciberseguridad, robótica y transformación digital. En articulación con ChildFund International y mesas técnicas interinstitucionales impulsa campañas de uso responsable de la red dirigidas a fortalecer el rol de padres y educadores en la protección digital de niñas, niños y adolescentes.

Pero cuántos de esos capacitados son padres, madres o cuidadores, la respuesta del Mintel fue: “los registros institucionales contabilizan el volumen total de participantes (…) sin segmentar de forma específica la condición del rol familiar”.

El Ministerio de Educación, por su parte, no respondió a la solicitud de información del pasado 21 de julio pasado sobre sus programas de alfabetización digital dirigidos a padres y representantes.

💬 Hablar, aunque no se sepa mucho

Ningún estilo de mediación -ni el más habilitante, ni el más restrictivo— elimina por completo los riesgos de que un adolescente navegue en internet, aclara Palacios. Lo que cambia es a qué tipo de riesgo queda más expuesto y qué tan preparado está para enfrentarlo: “están más expuestos al riesgo los adolescentes, pero son menos vulnerables al daño” cuando cuentan con competencias digitales y con el acompañamiento de sus padres. Es decir, el riesgo no desaparece -lo que se reduce es la posibilidad de que ese riesgo termine haciendo daño.

Conforme llega a una conclusión parecida: el objetivo, dice, “no es que los padres vigilen más, sino que puedan acompañar mejor y mantener un diálogo informado con sus hijos”. Ni Palacios ni Conforme piden que los padres se conviertan en expertos en tecnología. Piden, las dos, lo mismo que resume Terceros: que la conversación exista, aunque se empiece por reconocer que no se sabe mucho.

✅ ¿Qué puede hacer una familia?

Antes de publicar una foto o video de tu hijo

Recomendaciones de Gardenia Conforme:

  1. Pregunta si está de acuerdo (según su edad y madurez)
  2. Evita revelar nombres completos, uniforme escolar, ubicación o rutinas
  3. Evita mostrar su rostro con claridad.
  4. No asuma que una cuenta privada impide que alguien descargue o reenvíe la imagen.
  5. Piensa a largo plazo: ¿se sentiría cómodo tu hijo encontrando esa publicación dentro de 5 o 10 años?

Si quieres pasar de prohibir a acompañar

Consejos de María Dolores Palacios:

  • Cambia “revisar el celular sin avisar” por preguntar regularmente qué hace tu hijo en línea, qué le gustó, qué le incomodó, cómo se sintió.
  • En vez de decir “no hables con desconocidos”, enséñale a identificar perfiles falsos y a reconocer señales concretas de riesgo, como el ‘sexting’ o el ‘grooming’.
  • Explora una aplicación o videojuego nuevo junto a él antes de decidir si prohibirlo.

Finalmente llegar al padre de familia es más complicado que llegar al docente, reconoce Iván Terceros, por eso cree que hace falta abrir espacios de conversación con padres de forma explícita. No dar por hecho que sensibilizar a la escuela basta para llegar al hogar.


Cinco preguntas sobre brecha digital entre padres e hijos

¿Qué es la brecha digital entre padres e hijos?

Es la distancia entre las competencias digitales de los adultos y las que necesitan para acompañar a sus hijos en internet. No se trata de acceso -la mayoría de hogares ecuatorianos ya tiene celular-, sino de saber usar controles parentales, identificar riesgos y guiar a niños y adolescentes en redes sociales, videojuegos e inteligencia artificial.

¿Qué es el sharenting?

Sharenting combina las palabras en inglés share (compartir) y parenting (crianza). Describe la práctica de publicar en redes sociales fotos, videos o información de los propios hijos menores de edad. En Cuenca, el 74,65% de los padres lo practica para mantenerse en contacto con familiares y amigos, el 22,54% consulta a su hijo antes de publicar y 8,2% evita mostrar su rostro con claridad.

¿Qué es la alfabetización digital?

Es la capacidad de usar la tecnología con criterio, seguridad y autonomía, no solo tener acceso a un dispositivo o internet. Incluye competencias instrumentales, de navegación y valoración crítica, sociales, creativas y de uso móvil.

¿Qué es la mediación parental digital y qué tipos existen?

Es la forma en que un adulto interviene en el uso que su hijo hace de la tecnología. Un estudio de la Universidad de Cuenca identifica cuatro tipos: habilitante (dialogar y explorar internet junto al hijo), de monitoreo (revisar después qué hizo en línea), restrictiva (poner límites o prohibiciones) y técnica (usar controles parentales, bloqueo de contenido o localización).

¿Cómo puedo mejorar el control parental de mi celular o el de mis hijos?

Investigadoras de la Universidad de Cuenca recomiendan pasar del monitoreo silencioso al diálogo: preguntar con frecuencia qué hace tu hijo en línea, explorar juntos una aplicación antes de decidir si permitirla, y enseñarle a identificar perfiles falsos o señales de riesgo en vez de solo prohibir. Pedir consentimiento antes de publicar fotos suyas y evitar revelar ubicación, uniforme escolar o rutinas en redes sociales.


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