
Las remesas de los migrantes fortalecen la economía de los hogares, el consumo interno y circulación de dólares en la economía ecuatoriana.
Entre 2006 y 2025, Ecuador recibió 70 967 millones de dólares enviados por migrantes ecuatorianos, según cifras del Banco Central del Ecuador (BCE).
La magnitud del monto permite dimensionar su importancia al compararlo con otros indicadores económicos. Durante ese mismo período 2006-2015, la inversión extranjera directa (IED) alcanzó los 14 772,3 millones de dólares.
Es decir, apenas una quinta parte del total de remesas acumuladas en las últimas dos décadas.
Al comparar con las exportaciones no petroleras ecuatorianas son casi similares a las ventas al exterior de los últimos tres años, que sumaron 77 164 millones de dólares.
Las exportaciones no petroleras representan riqueza generada mediante producción nacional y ventas al exterior, la inversión extranjera incorpora capital para financiar proyectos empresariales.
Las remesas, por su parte, provienen del trabajo de los ecuatorianos residentes fuera del país y constituyen un soporte económico directo para miles de hogares, especialmente en provincias con alto nivel de migración.
Estados Unidos concentra seis de cada 10 dólares enviados al Ecuador
La migración ecuatoriana mantiene una fuerte concentración geográfica. Del total de 70 967 millones de dólares recibidos entre 2006 y 2025, el 62% provino de Estados Unidos, equivalente a 42 166 millones de dólares.
España ocupó el segundo lugar con 17 198 millones de dólares, que representan el 25%, mientras que Italia aportó 3 342 millones, correspondientes al 5%.
En conjunto, Estados Unidos, España e Italia concentraron el 92% de todas las remesas enviadas al Ecuador durante las dos últimas décadas, confirmando el peso histórico que mantienen estos destinos migratorios en la economía ecuatoriana.
Este flujo permanente de recursos ha permitido sostener el consumo de miles de familias y se ha convertido en una de las principales fuentes de ingreso de divisas para el país.
Las remesas impulsan el consumo y reducen la pobreza
Para Rodrigo Mendieta, rector de la Universidad de Cuenca y analista económico, la evidencia académica muestra que las remesas en Ecuador han tenido un efecto claramente favorable sobre el crecimiento económico y la reducción de la pobreza.
Él explica que diversos estudios, incluidos trabajos en los que ha participado, concluyen que los recursos enviados por los migrantes generan un impacto positivo sobre la actividad económica nacional.
Este efecto resulta especialmente visible en las zonas históricamente más rezagadas del país, precisamente aquellas desde donde salió buena parte de la migración ecuatoriana durante las últimas décadas.
El analista sostiene que las remesas no solo elevaron los ingresos de las familias, sino que también evitaron un deterioro económico aún mayor en numerosos territorios rurales y ciudades pequeñas.
Estos recursos funcionaron como un mecanismo que frenó procesos de empobrecimiento estructural.
Explica que ello ocurre porque las remesas llegan distribuidas entre miles de hogares en montos relativamente pequeños, lo que provoca que el dinero se transforme rápidamente en consumo.
Ese gasto cotidiano dinamiza comercios, servicios y actividades productivas locales, generando un efecto multiplicador sobre la economía.
Las remesas ya no solo financian consumo
Mendieta afirma que el comportamiento de las remesas también ha cambiado significativamente durante los últimos años.
Según él, antes predominaba el esquema tradicional en el que un migrante enviaba dinero a su familia para cubrir gastos cotidianos. Actualmente, sin embargo, el flujo de recursos ha comenzado a financiar proyectos de mayor alcance.
Mendieta identifica inversiones inmobiliarias, pagos directos a instituciones educativas, mayores depósitos en el sistema financiero y nuevos mecanismos mediante los cuales los migrantes participan en proyectos económicos desde el exterior.
Más de 30 cantones tienen una alta dependencia de las remesas
Otro de los aspectos analizados por Mendieta es la fuerte dependencia que mantienen más 30 cantones respecto de las remesas.
Casos como San Fernando, en Azuay; Biblián y Déleg, en Cañar, además de varios cantones de El Oro y de la Sierra central, muestran economías donde las remesas representan un componente determinante de la actividad económica local.
Sin embargo, advierte que estos recursos no necesariamente permanecen en los territorios donde son recibidos. Muchas familias cobran las remesas en pequeños cantones, pero realizan buena parte de sus compras, inversiones y gastos en ciudades de mayor tamaño, como Cuenca, situación que podría mantener o incluso ampliar las brechas territoriales existentes.
La desaceleración reciente responde a cambios migratorios
Las estadísticas más recientes muestran una moderación en el crecimiento de las remesas.
De acuerdo con las cifras del Banco Central del Ecuador, entre enero y marzo ingresaron 1 856,7 millones de dólares. Su ritmo de expansión muestra señales de moderación. Mientras en el primer trimestre de 2025 el aumento fue cercano al 24% frente al mismo período de 2024, en igual lapso de 2026 la variación se redujo al 7,6%.
Para Mendieta, este comportamiento responde, en primer lugar, a que durante la pandemia y los años posteriores los migrantes incrementaron considerablemente el apoyo económico hacia sus familias, generando un crecimiento excepcional que hoy comienza a normalizarse.
A ello se suman las políticas migratorias más restrictivas implementadas en Estados Unidos, las deportaciones y una menor incorporación de nuevos migrantes al mercado laboral estadounidense, factores que reducen la capacidad de enviar dinero con la intensidad observada durante los últimos años.
La prosperidad depende de producir riqueza
El analista económico Alberto Acosta Burneo coincide en reconocer la enorme importancia social de las remesas para miles de hogares ecuatorianos. Sin embargo, plantea una diferencia fundamental respecto de su significado económico.
A su criterio, el verdadero indicador de prosperidad de un país es su capacidad para producir riqueza internamente.
Acosta Burneo sostiene que las exportaciones tienen un papel más relevante porque reflejan producción nacional, generación de valor agregado y creación de riqueza dentro del territorio ecuatoriano.
Aunque reconoce que las remesas permiten mejorar el nivel de vida de muchas familias, considera que estos recursos se destinan principalmente al consumo y, por tanto, no representan una fuente directa de generación de riqueza.
¿Las remesas pueden transformarse en inversión?
Acosta Burneo considera que la realidad económica de las familias dificulta ese escenario.
Explica que la mayor parte de los hogares receptores utiliza esos recursos para cubrir alimentación, educación, salud, vivienda y otras necesidades básicas. Incluso cuando las familias construyen una casa, esa inversión responde principalmente a mejorar su patrimonio y calidad de vida, más que a desarrollar actividades empresariales.
El analista sostiene que los montos enviados normalmente no permiten financiar inversiones de gran escala, adquirir empresas o participar activamente en mercados financieros.
