Radio Puntual FM Riobamba

Sobre la supervivencia de la democracia

La democracia parece sufrir una suerte de entropía política que consiste en la desmaterialización de sus principios fundamentales que la tradición liberal occidental ha fijado en tres: rendición de cuentas, separación de poderes y libertad de expresión. Sin ellos la democracia se diluye.

No hay rendición de cuentas si las autoridades mienten, callan o se amparan en el secreto de Estado. Si la Asamblea Nacional solo fiscaliza a los adversarios del gobierno, si las autoridades de control son nombradas por los que deben ser controlados, y los elegidos hacen gala de sumisión; ha desaparecido el derecho ciudadano a tomar cuentas.

No hay separación de poderes si el poder legislativo y el poder judicial son domesticados y se vuelven serviles al ejecutivo. Si el gobierno maniobra para designar en otras funciones, personas de su agrado o impide la posesión de autoridades independientes; el Ejecutivo se convierte en autoridad única.

No hay libertad de expresión si el gobierno controla a la mayoría de los medios de comunicación y presiona a los que no controla. Si la información oficial es mentirosa, opaca, reservada, si el poder tiene medios y periodistas favoritos que no representan a los ciudadanos sino al poder; no se cumplen los parámetros internacionales.

Cuando el poder incumple estos parámetros fundamentales y los organismos de control se convierten en encubridores, los líderes de los gremios callan, la academia se aleja de la política, las élites creen que son asuntos secundarios y la sociedad se muestra indiferente o temerosa; entonces ha empezado a operar el autoritarismo democrático.

Los países que eligen gobiernos democráticos y dejan pasar caprichos, pequeños abusos, violaciones de la ley, terminan, sin apenas darse cuenta, con gobiernos autoritarios. Muchas veces la degradación de la democracia es obra de adulones que desconectan a los líderes de sus mandantes. Vigilar la calidad de la democracia es tarea de todos, incluso del gobierno.