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La producción de cerdo bajo presión por el costo del maíz y acuerdo comercial con EE.UU.

líderes - El Comercio

La porcicultura en Ecuador no solo aporta a la producción de carne de cerdo, sino también tiene al empleo, la economía rural y la seguridad alimentaria.

Estefanía Loaiza es directora ejecutiva de la Asociación de Porcicultores del Ecuador. Según ella, el mercado ecuatoriano cuenta con cerca de 166 000 productores porcinos, de los cuales el 95% son pequeños productores. Son familias que dependen de esta actividad como mecanismo de subsistencia en zonas rurales y en sus traspatios.

El porcentaje restante corresponde a empresas o granjas tecnificadas.

La estructura del sector porcicultor está segmentada en tres niveles. Por un lado, están los pequeños productores, con hasta 30 madres productivas; luego, el segmento comercial, con hasta 300 madres; y finalmente, el segmento industrial, con más de 300 madres productivas.

Esta clasificación, señala Loaiza, refleja la diversidad de una industria porcina en Ecuador que combina economías familiares con operaciones de mediana y gran escala, y que hoy busca sostener su competitividad frente a las nuevas condiciones del comercio internacional.

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Producción de carne de cerdo y aporte al PIB agropecuario

La producción de carne de cerdo en Ecuador alcanza cerca de 230 000 toneladas al año, con un crecimiento anual aproximado del 6%.

Según Loaiza, este avance responde a inversiones en genética porcina, equipamiento, nutrición animal y mejoramiento de razas, factores que han permitido elevar la productividad en las granjas medianas y tecnificadas.

El resultado es un sector que ha ganado relevancia en la oferta nacional de proteína animal y que se proyecta como una actividad con potencial de expansión.

A nivel económico, la porcicultura ecuatoriana genera alrededor de 600 millones de dólares en ventas y representa el 8% del PIB agropecuario.

Los empleos en Ecuador y el consumo de carne de cerdo

Además, sostiene unos 200 000 empleos directos y más de 500 000 empleos indirectos en Ecuador.

En provincias como Santo Domingo, El Oro, Manabí y Guayas se concentra la producción más tecnificada, mientras que en la Sierra predominan los pequeños productores, señala Loaiza.

En términos de consumo, la carne de cerdo en Ecuador se destina casi en su totalidad al mercado interno. Ecuador es autosuficiente en cortes de cerdo, aunque mantiene un déficit aproximado de 5 000 toneladas anuales de grasa y cuero, insumos utilizados por la industria de embutidos y que se importan, principalmente, desde Chile.

En cuanto a exportaciones, Loaiza señala que se han realizado operaciones puntuales hacia Vietnam y Costa de Marfil, aunque todavía sin volúmenes consolidados ni una estrategia exportadora de gran escala.

Precio del maíz en Ecuador afecta su competitividad

Si hay un factor que concentra la preocupación del sector porcícola es el costo del maíz. Este insumo que representa entre el 60% y el 65% de la dieta animal en la producción porcina.

En Ecuador, la comercialización del grano está marcada por una política pública que obliga a la industria a comprar el maíz nacional a un precio oficial fijado por el Gobierno.

Actualmente, ese valor se ubica en 17,45 dólares por quintal, según Loaiza

Para los porcicultores, esta política encarece de forma directa el costo de producción de la proteína animal en Ecuador. “Esto genera un sobrecosto del 30% al 40% en la producción de carne de cerdo”, afirma Loaiza.

Ella recuerda que, mientras el maíz local se paga con valores elevados y restricciones a la importación, en mercados internacionales el grano puede ser mucho más barato. Ese diferencial termina reflejándose en el precio final de la carne y reduce la capacidad del país para competir frente a importaciones.

Loaiza sostiene que el sector no rechaza la apertura comercial, pero sí cuestiona que no exista una política interna que nivele las condiciones de competencia. Desde su perspectiva, el problema no es solo el futuro ingreso de carne importada, sino la ausencia de una agenda nacional que abarate costos, modernice la cadena y proteja el empleo rural.

“El sector no se opone a los acuerdos comerciales. El problema es que no fue incluido en las negociaciones y que no existe una agenda interna que prepare al país para competir en igualdad de condiciones”, indica.

Acuerdo comercial con Estados Unidos y riesgo para la cadena de proteína

Desde el análisis económico, Alberto Acosta advierte que el acuerdo comercial entre Ecuador y Estados Unidos no opera como un Tratado de Libre Comercio tradicional.

A su criterio, no existe una apertura recíproca equilibrada, sino una relación en la que Ecuador abre su mercado mientras enfrenta mayores restricciones externas en parte de sus exportaciones. “Ecuador se ve obligado a abrir su mercado, mientras que Estados Unidos, en la práctica, termina cerrando el suyo”, afirma Acosta Burneo.

Para él, la situación es especialmente delicada en la cadena de proteína animal, porque el acuerdo habilita la libre importación de carne congelada de cerdo y pollo, justo en un momento en que los productores ecuatorianos arrastran altos costos internos.

Ese doble efecto —apertura externa y rigidez de costos locales— configura una presión competitiva difícil de sostener. “Esto genera una especie de tenaza. Por un lado, se abre el mercado a productos importados más baratos. Por otro lado, se mantienen —e incluso se incrementan— los costos de producción internos”.

Acosta Burneo considera que, bajo estas condiciones, el impacto probable será una caída de ventas del producto nacional, menor inversión y un eventual cierre de granjas, sobre todo si importar resulta más rentable que producir localmente.

Esto, además, tendría efectos sobre el empleo, la producción agroindustrial y la soberanía alimentaria en Ecuador, un concepto que cobró fuerza durante la pandemia, cuando la producción nacional garantizó abastecimiento continuo de alimentos.

El planteamiento del sector porcícola

La solución no pasa por bloquear la competencia internacional, sino por corregir las distorsiones internas, dice Loaiza.

Acosta plantea que el subsidio implícito del precio oficial del maíz debería ser focalizado solo en pequeños agricultores de subsistencia, mientras el resto del mercado opera con referencias competitivas. A ello se sumarían paquetes tecnológicos, incremento de productividad y programas de reconversión de cultivos.

En esa línea, la competitividad del sector porcicultor dependerá de decisiones que permitan bajar costos, fortalecer la producción local y mirar al mercado con una perspectiva exportadora.

Acosta sostiene que Ecuador debería aspirar a convertirse en un exportador de proteína animal, replicando parte de la lógica de éxito observada en otras cadenas como la del camarón.

Para eso, concluye, se necesita un maíz competitivo, productividad sostenida y reglas de mercado que no frenen a una actividad que hoy genera empleo, valor agregado y desarrollo rural.

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