El artista ecuatoriano Beto Valencia, conocido como Beto Val en Instagram, encontró en el collage digital vintage una forma de reinvención personal durante la pandemia y que lo llevó a la portada del New York Times. El estilo lúdico de Beto Valencia, basado en ilustraciones botánicas y científicas de dominio público, lo catapultó de los 400 seguidores a ilustrar la portada dominical del New York Times. “Me escribieron y pensé que era un error. Crucé los dedos para que mi respuesta les cayera bien”, contó entre risas en Diálogos sin sombrero, el programa de entrevistas de El Comercio.
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El algoritmo del azar y la mutación creativa del collage digital vintage que llevó a Beto Valencia al New York Times
Durante el confinamiento, Valencia descubrió bancos de imágenes libres de derechos de museos como el de Nueva York o París. Jugó con cuerpos y cabezas de animales, experimentó sin fórmula y sin hashtags, y de pronto los seguidores se multiplicaron. “Hubo un día que me seguían 10 000 personas diarias. No hice nada especial. Fue suerte y constancia”, reconoce. Su proceso fue orgánico, sin planillas de contenido ni inversión publicitaria. “El algoritmo es un misterio”, dice, sin recetas que vender.
Beto no se quedó en el arte. Investigó cómo vender desde Ecuador sin depender del correo local. Publicó su primer libro de collages en Amazon en un mes y aprendió a manejar los ecosistemas digitales: redes, autopublicación, pagos internacionales. “Entendí que el arte también puede ser negocio si entiendes los canales”, afirma. La venta online fue su salvavidas global.
Migración y cortometraje de Beto Valencia: la historia detrás de ‘El increíble caso del hombre bala’

En paralelo, escribió un cuento sobre migración basado en una experiencia personal en Europa. En el año 2000, al llegar en tren a París desde Barcelona, fue detenido arbitrariamente por su apariencia. “Nos revisaron a fondo. Fue brutal, quería regresarme a Quito”, recuerda. De esa vivencia nació el cortometraje El increíble caso del hombre bala, que ha cosechado más de 40 premios internacionales.
Sobre la esperanza, Valencia es escéptico. “Es una palabra muy manida. Si no va acompañada de conciencia, no sirve para nada”, dijo. Sin embargo, admite que esperó con nerviosismo el correo de confirmación del New York Times. “Por esa portada me pagaron 2 500 dólares. Pero yo lo habría hecho gratis solo por estar ahí”.
Miedo y servicio militar: un recuerdo que aún pesa en Beto Valencia

Uno de los momentos más duros de su vida fue ser capturado por el ejército cuando era remiso. “Me bajé del bus en la Marín y me subieron a un camión militar. Nos llevaron como ganado”, cuenta. Iban a enviarlo al oriente, a la frontera con Perú, y pasó la noche sin cobijas entre desconocidos. “Tenía miedo de perder la universidad, de que se trunque todo”. Lo liberaron gracias a un canje insólito: por él, enviaron diez jóvenes de Guayaquil al regimiento.
Para Beto, la vergüenza es enemiga de la creatividad. Recordó los ejercicios de teatro que hizo en su juventud: leer en voz alta en un bus, caminar disfrazado de cura, usar la mano no dominante todo un día. “Hay que poner al cerebro en lugares incómodos para que sea creativo. No nací creativo, me hice a punta de esfuerzo”, afirmó.
- Enlace externo: The New York Times
