Durante 2024, Ecuador registró 215 714 nacimientos vivos, una caída de 23 963 respecto al año anterior, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Esta tendencia decreciente, constante desde 1990, se refleja también en una baja sostenida en las tasas de natalidad masculina y femenina.
El informe difundido el 22 de julio de 2025 advierte sobre cambios relevantes en los patrones maternos, el lugar de parto y el peso al nacer, así como en la atención médica durante el alumbramiento.
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Del total, nacieron 110 382 hombres y 105 332 mujeres. El 9,4% de los nacimientos correspondió a bebés con bajo peso, y se mantuvieron estables las tasas de embarazo adolescente. El 97,2% de los partos tuvo atención médica, y el 71,7% ocurrió en establecimientos de salud pública.
Las edades más frecuentes de las madres se ubicaron entre los 20 y 34 años. El reporte también alertó sobre un número importante de defunciones fetales por causas no especificadas y por hipoxia intrauterina.
La caída de los nacimientos altera la dinámica demográfica
Jorge García Guerrero, exdirector ejecutivo del INEC, explicó que las cifras del informe provienen de registros administrativos levantados desde 2016 con apoyo del Registro Civil y el Ministerio de Salud. Estos datos -dijo- confirman una disminución continua de nacimientos y que esta tendencia también ocurre en otros países de América Latina.
El censo de población de 2022 evidenció una baja en la fecundidad. Precisó que este indicador —que refleja la cantidad de hijos por mujer— permite anticipar cuántos niños nacerán a futuro. Afirmó que Ecuador se encuentra en un proceso de envejecimiento demográfico, en el que la proporción de personas adultas y mayores crecerá frente a la de niños.
Esta transformación no se da de forma inmediata, pero ya condiciona las decisiones de política pública. En su criterio, el Estado debe anticiparse con ajustes en los sistemas de educación, salud y seguridad social. Desde 2010 ya se advertía el fin del bono demográfico para el año 2030.
Las consecuencias económicas ya son visibles
David Vera, director de la Business School de la UIDE y también exdirector del INEC, afirmó que la baja natalidad sostenida genera impactos directos en la economía. Una menor cantidad de nacimientos reduce el tamaño futuro de la población económicamente activa. Esto afecta la capacidad de producción, la generación de empleo y la recaudación tributaria.
El sistema de pensiones depende del aporte de los trabajadores activos. Si la proporción de adultos mayores crece y la de aportantes disminuye, se compromete la sostenibilidad del sistema previsional. Sostuvo que la baja natalidad también implica una presión adicional sobre los servicios de salud y asistencia social.
Vera advirtió que esta tendencia puede conducir a una sociedad con menor dinamismo, escasez de mano de obra calificada y mayor dependencia de la inmigración. En su criterio, el Estado debe abordar esta transformación con visión estratégica, planificación anticipada y uso intensivo de datos demográficos actualizados.
La caída en nacimientos exige un rediseño de las políticas públicas
García Guerrero sostuvo que este cambio demográfico implica repensar el sistema educativo. La disminución de niños reducirá la demanda de infraestructura en educación inicial, básica y secundaria. A futuro, también afectará la matrícula universitaria. Indicó que este fenómeno ya es evidente en otros países como Estados Unidos.
El mercado laboral deberá adaptarse a una población cada vez más envejecida. Recomendó prestar atención a la reducción de la población en edad laboral, que sostendrá el sistema previsional y los servicios públicos en las próximas décadas. En su análisis, esto exigirá políticas públicas que consideren el envejecimiento como un eje transversal.
El sistema de salud también deberá evolucionar. El país dejará de concentrarse en problemas como la desnutrición infantil y empezará a priorizar temas como el envejecimiento activo. Aclaró que esta no es una situación de desequilibrio, sino una transición poblacional que requiere nuevas respuestas del Estado y la sociedad.
Reformar las estructuras estatales ante la nueva realidad demográfica
Vera recomendó cinco líneas de acción para enfrentar el escenario actual. Primero, rediseñar los sistemas de pensiones y salud para que sean sostenibles frente al envejecimiento. Segundo, facilitar la conciliación entre vida familiar y laboral mediante permisos parentales, cuidado infantil y horarios flexibles. Tercero, ajustar la planificación territorial y educativa para priorizar la calidad por encima de la expansión.
Cuarto, invertir en capital humano para mejorar la productividad de la población actual. Quinto, revisar las políticas migratorias, considerando que otros países han respondido al envejecimiento con inmigración calificada. En su análisis, más que una crisis, Ecuador vive una transformación que requiere decisiones inmediatas y sostenidas.
📰 #Boletín de prensa.
Menos nacimientos y cambios en los patrones maternos marcan la dinámica demográfica en Ecuador.
📊 En 2024 se registraron 215.714 nacimientos vivos en Ecuador. La mayoría ocurrieron en el sector público y con atención médica.
👶 El 9.4% de los bebés nació… pic.twitter.com/pYi0sT8ar4— INEC (@Ecuadorencifras) July 22, 2025
El Estado no puede improvisar frente a estos cambios, según Vera. Las decisiones deben estar basadas en evidencia, con una comprensión clara del impacto que tendrá este proceso en la organización de las ciudades, la planificación presupuestaria y la estructura de los hogares.
El impacto fiscal se agudizará si no hay reformas profundas
Pablo Hidalgo, economista y catedrático universitario, explicó que Ecuador cerró 2024 con una tasa de fecundidad de 1,79 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional. Eeste descenso tendrá consecuencias fiscales, sociales y económicas en los próximos 25 años. Según sus proyecciones, en 2050 habrá 125 adultos mayores por cada 100 niños.
Por ello, el gasto social aumentará, pasando del 13% del PIB en 2015 al 21% en 2045. Advirtió que el sistema de pensiones es el punto más crítico, ya que muchos adultos mayores no cuentan con una pensión contributiva y requieren subsidios. También, la recaudación tributaria se verá afectada por la caída de la población en edad laboral.
Recomendó ampliar la base tributaria, fomentar el ahorro previsional y revisar la edad de jubilación. El Estado necesita nuevas fuentes de financiamiento para evitar un endeudamiento crónico. En su análisis, el país debe aplicar reformas fiscales y previsionales estructurales para sostener el equilibrio macroeconómico.
🍼📊 Los nacimientos nos cuentan una historia
Con el Registro Estadístico de Nacimientos y Defunciones Fetales 2024, hoy sabemos más sobre cómo nacemos en Ecuador:
👩⚕️ La atención médica durante el parto alcanza al 97% de los casos.
🏥 La mayoría de los nacimientos ocurren en… pic.twitter.com/DD7NGesPGn— INEC (@Ecuadorencifras) July 21, 2025
Incentivos económicos, laborales y migratorios como respuesta
Hidalgo planteó una serie de medidas para mitigar los efectos de la baja natalidad. Recomendó ofrecer incentivos fiscales a familias con hijos, mejorar las licencias parentales y promover esquemas de trabajo flexibles. Insistió en que la decisión de tener hijos está influida por la estabilidad económica, el acceso a empleo digno y las condiciones sociales.
El país debe fomentar campañas educativas que equilibren los proyectos de vida personales con la posibilidad de formar familia. En caso de que no se revierta la tendencia, sugirió aplicar políticas migratorias que atraigan población joven y calificada. Esta medida permitiría sostener la fuerza laboral y evitar el estancamiento económico.
No existe una solución única, en su visión. El país necesita una combinación de políticas familiares, laborales, fiscales y migratorias que respondan de forma integral a esta transformación. En su opinión, solo un enfoque multisectorial permitirá asegurar el desarrollo sostenible a largo plazo.
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