En Quito, el 55,77% de las mujeres en edad de trabajar logra incorporarse al mercado laboral, frente al 69,92% de los hombres. Esta diferencia, registrada por el Instituto de Investigaciones de la Ciudad en el primer trimestre de 2025, revela obstáculos que siguen limitando el acceso femenino a empleos estables, según los expertos.
Nicole Torres, de 27 años, vive esa desigualdad. Tiene un título universitario en Comunicación Social, pero no ha conseguido empleo formal desde que se graduó hace dos años. “Envié muchas hojas de vida. Me llaman, pero preguntan si tengo hijos o si planeo tenerlos. No entiendo por qué eso importa más que mi título”, dice.
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Mujeres trabajan más en casa y menos en el mercado laboral
La población femenina en edad laboral asciende a 547 000 personas en Quito. Sin embargo, solo 304 900 mujeres están activas en el mercado de trabajo. En contraste, 556 000 hombres se encuentran en edad laboral, y 389 000 de ellos forman parte de la población económicamente activa. Esto también se refleja en el total de la ciudad: de 1,66 millones de personas en edad de trabajar, apenas 1,04 millones buscan o tienen empleo.
Para el sociólogo Alberto Feijoo, esta diferencia responde a roles tradicionales. “Los hombres se vinculan al empleo productivo. A las mujeres se les asigna el trabajo doméstico, aunque no se diga en voz alta”, explica.
La brecha salarial refleja una desigualdad estructural
Durante el primer trimestre de 2025, las mujeres en Quito recibieron un ingreso mensual promedio de 720,70 dólares, mientras que los hombres percibieron 853,40 dólares. La diferencia de 132,70 dólares equivale a una brecha del 15,6%, según el Instituto de Investigaciones de la Ciudad.
David Vera, coordinador de la Business School de la UIDE, explica que muchas mujeres trabajan en sectores como comercio, servicios y educación inicial, que pagan menos. Los hombres, en cambio, predominan en industrias técnicas e industriales, con salarios más altos. “Eso influye directamente en los ingresos”, afirma.
Por otro lado, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) reporta que las mujeres en Quito dedican 37,2 horas semanales al trabajo no remunerado, mientras los hombres destinan solo 10 horas. Esta diferencia afecta la disponibilidad de tiempo, energía y movilidad para aceptar empleos formales, según Vera.
Nicole conoce esas limitaciones. Cuando consigue entrevistas o cursos, debe buscar quién cuide a sus sobrinas o pedir apoyo a su madre. “Si no, pierdo la oportunidad”, comenta. Para Feijoo, el problema se resuelve con políticas públicas de cuidado. “Sin servicios de apoyo, las mujeres no pueden sostener empleo formal”.
Vera añade que esta carga también genera inseguridad laboral. “El doble esfuerzo que hacen muchas mujeres reduce su capacidad para sostener rutinas exigentes de trabajo”.
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Empleo adecuado alcanza al 47,94% de las mujeres, frente al 59% de los hombres
En Quito, 262 400 mujeres en edad laboral accedieron a un empleo adecuado: jornada completa, estabilidad y salario igual o superior al básico. Esta cifra equivale al 47,94% del total. Entre los hombres, 328 000 alcanzaron esta condición, con una tasa del 59%. La media general fue del 53,88%, según el Instituto de Investigaciones de la Ciudad.
Nicole recuerda una de sus experiencias. “Me ofrecieron algo por tres meses, sin contrato. Si no aceptas, hay otra persona esperando. No puedes exigir nada”.
También está el caso de Ximena Silva, que tiene 25 años y se graduó en Administración de Empresas. Terminó la carrera, pero no ha logrado conseguir empleo. “Llevo más de un año buscando. Envío hojas de vida y no recibo respuesta. Me inscribí en portales, hice cursos, pero nada cambia”, cuenta.
Vera señala que muchas mujeres enfrentan un mercado informal que impone condiciones frágiles y paga menos. “Donde hay más mujeres, hay más precariedad”, afirma.
El desempleo juvenil femenino llega al 19,01% en Quito
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En el primer trimestre de 2025, el desempleo en Quito alcanzó al 7,66% de la población económicamente activa. La tasa en mujeres fue del 8,38% (25 600 personas) y en hombres del 7,04% (27 400). Entre los jóvenes, la brecha es más amplia: el 19,01% de las mujeres menores de 25 años no consiguió trabajo, frente al 15,47% de los hombres de esa misma edad.
Nicole forma parte de esa estadística. “Fui a entrevistas donde me decían que buscaban a alguien ‘más libre’, sin compromisos. Parecía que ser mujer era un problema desde el inicio”, cuenta.
El subempleo también afecta más a las mujeres. El 15,58% de las trabajadoras activas tiene ingresos por debajo del salario básico o una jornada involuntariamente reducida. En hombres, esa tasa llega al 14,02%.
Esto confirma lo que vive Silva, que mientras encuentra algo relacionado con su carrera, acepta trabajos de medio tiempo para cubrir sus gastos. “Ayudo a los hijos de mis vecinos a estudiar matemáticas para los exámenes del colegio. No es lo que estudié, pero es lo que hay por ahora”, dice.
Procesos de contratación excluyen a mujeres jóvenes en Quito
David Vera sostiene que muchos empleadores evitan contratar mujeres jóvenes por prejuicios sobre productividad o disponibilidad. “Es un filtro invisible, pero real”, afirma. Alberto Feijoo añade que los riesgos de acoso o violencia también pesan. “Muchas mujeres descartan trabajos nocturnos o con largos desplazamientos porque no se sienten seguras”.
Nicole lo confirma. Rechazó un empleo que implicaba salir muy tarde. “No había buses y caminar sola era peligroso. A veces toca escoger entre la seguridad o el sueldo”.
Quito requiere políticas públicas con enfoque de género
Feijoo insiste en que la legislación no basta. Propone transformar la educación para cuestionar desde temprano los roles tradicionales. “Si no se desmontan esas ideas, las desigualdades persisten”.
Vera plantea medidas estructurales: crear una red pública de cuidado, establecer licencias parentales compartidas, ofrecer incentivos a la contratación de mujeres y aplicar sanciones reales a la discriminación laboral.
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